De pronto empecé a recordar...
Las imágenes están borrosas, no recuerdo los detalles, si ustedes recuerdan más detalles por favor ayúdenme a recordar jajaja necesito recuperar esas memorias, porque las bloquee de mi mente, era demasiado para mi en ese entonces. Pero hoy lo quiero recordar con mucho orgullo, porque fueron miedos que enfrenté y seguí enfrentando y siento bien bonito saber como he crecido y avanzado hasta donde estoy hoy (y me falta aun mucho por recorrer).
Pero a grandes rasgos, recuerdo que formamos en la secundaria, si no me equivoco estábamos en segundo, la famosa banda de rock NÚCLEO 4. Chuy en la guitarra, Giovani en la batería, Javi la otra guitarra y yo en la voz.
¿Cómo se nos ocurrió y cómo rayos nos pusimos de acuerdo? Me impresiona como fue nuestra organización para juntarnos y ensayar en casa de Giovanni jajaja a veces en casa de Chuy.
¿Iniciamos la banda para concursar en la Semana de la Sonrisa de San Pedro o fue desde antes? Ahí están los recuerdos aun de cuando nos inscribimos jajaja y las fotos, que luego subo.
Lo único que puedo recordar es que Giovanni decidió las canciones que sacaríamos: Whats Up! y Have You Ever See the Rain, porque creíamos en nuestra inocencia que si tocábamos algo nuevo y local nos podrían demandar.
Yo no sabía inglés y me estaba costando demasiado aprendérmelas, las tenía grabadas en un cassette y las reproducía una y otra vez en mis walkman, incluso las escuchaba mientras dormía... Jamás logré aprendérmelas.
Se iba a llegar el día y Giovanni dijo: "Ok, yo me aviento la de Creedence y cantas solo el coro. Pero tienes que cantar Whats Up!". Y me di a al tarea de escribir la letra en una gran pancarta.
Se llegó el día y lo único que recuerdo es estar sobre el escenario en un jardín de la UDEM, con todos viéndome en el público. Salió la de Creedence primero, cantar el coro no fue problema, llegó la hr de brillar... ¡Sí claro! Empezó la canción y yo no entraba, otra vuelta y yo no entraba, estaba congelada del miedo, hasta que me gritó Chuy o no sé quién que entrara y yo solo contesté: "Se me olvidó la canción" al micrófono. ¡Fue la cosa más horrible! No recuerdo qué amiga fue, pero era quien llevaba la pancarta con la letra y entonces salió al rescate y la abrió, comencé a cantar y al final todo salió muy bien. Pero obviamente fuimos descalificados...
Después cantamos unas cuantas veces canciones en eventos de la escuela y siempre pedía una silla para cantar sentada porque así me sentía más protegida, creo que incluso en un día de las madres o del padre algunas amigas entraron de coristas para acompañarme y sentirme segura.
En la prepa nos volvimos a juntar para participar en el UNICANTA, fue divertido componer una canción de cero, no recuerdo mucho de esa parte, solo que la letra hablaba de lo que vivíamos cuando ensayábamos, era una letra de puras tragedias divertidas que nos pasaban como grupo. Creo que la escribió Giovanni...
Recuerdo los ensayos, que incluso me intentaron enseñar a tocar el bajo, no soportaba su peso si quiera jajajaja
De pronto mis recuerdos se van a estar cantando en el auditorio de la prepa 23, no recuerdo mucho solo en general el haber cantado ahí. y que habíamos ganado por lo que pasaríamos a competir con las prepas y facultades ganadoras en el Teatro Universitario.
Cuando llegamos ahí solo recuerdo dos cosas: No haber querido hacer souncheck porque me daba pena, no querer probar el micrófono, hablar ni cantar. Entonces ya se imaginarán cuando el auditorio estaba lleno de gente. Las luces me aturdían, la música sonó, la voz salió, no se me olvidó esta vez, pero sí salió horrible en mis nervios, según recuerdo.
Y pues es el último recuerdo que tengo de Núcleo 4. Nos separamos esta vez para siempre....
Yo quedé traumada de por vida hasta que volví a cantar a mis 25 años cuando decidí entrar a FAMUS a tomar clases de canto y me costó los dos años y medio que estuve ahí perderle el miedo poco a poco. Después decidí volver a la actuación y eso me dio aun más seguridad en el escenario.
Hoy vuelvo a cantar con una banda de covers y no puedo creer que lo estoy haciendo, venciendo el miedo al público, al escenario, el miedo a mi misma. Sentirme segura, divertirme, cantar y disfrutarlo.
Y pensar que todo empezó en un: "se me olvidó la canción..."
martes, 10 de diciembre de 2019
lunes, 4 de noviembre de 2019
Lo que me dejó el Tae Kwon Do
Nunca he escrito sobre el TaeKwondo, hablo mucho de ello, pero jamás he externado todo lo que me ha dado.
Ahora que ya no forma parte de mi vida, que lo veo de lejos, desde afuera, me he puesto a reflexionar, en todo lo que me dio y que agradezco tanto.
Desde niña lo primero que desee ser fue actriz y cantante. Soñaba con aparecer en la tele, en el cine, llenar auditorios y transmitir emociones con mi voz, con la música. Pero crecí siendo muy insegura, llena de miedos. No sabía tomar decisiones ni pedir tomar clases, hacer algo, a todo le temía.
A los 10 años mi hermana vio una escuela de Taekwondo y le dijo a mi mamá que nos metiera, como a mi mamá siempre le gustaron las artes marciales nos metió a todas e incluso ella, estábamos mis dos hermanas, mi mamá y yo.
Fue mi salvación. El primer día lloraba del miedo, de la pena, de ver que yo no sabía hacer nada, que no llevaba uniforme como los demás, que no conocía a nadie, me sentía rezagada, excluida, sola.
Pero me gustó, me gustó mucho y no dejé de ir. Poco a poco pasaron los meses y fui haciendo amigos, me compraron mi uniforme, mejoré mis patadas, mi coordinación, aprendí formas.
Apenas había hecho mi primer examen y mi maestro me llevó a un torneo, se suponía que debía ser al menos cinta amarilla para pelear, pero ya me había estado preparando en clase y vio que me gustaba pelear, no le tenía miedo, incluso siempre me ponía con niños. Así que no dudó en incluirme en el torneo.
Fue en el Gimnasio Nuevo León lo recuerdo bien, era de formas, rompimiento de tablas y combate. No había adversarias para mi y me pusieron con un niño. En teoría solo se deben pelear hombres con hombres y mujeres con mujeres, pero mi maestro sabía que yo no pondría peros y a mi mamá tampoco le importó así que le entré. Y gané.
Ahí empezó todo. Jamás dejé de entrenar, de presentar, de aprender, de pelear. Se fueron saliendo todas, primero mi hermana la más chica, luego la de en medio y al final mi mamá. Quedé solo yo. La que tenía miedo, pena y no quería estar ahí. Había encontrado mi pasión. Me daba seguridad, me hacía sentir mejor, cada vez tenía menos miedo. En la escuela todos me respetaban porque practicaba Taekwondo, jamás alguien se metió conmigo.
Crecí y tuve la oportunidad de hacer teatro y cantar en el coro de la escuela, lo hice me encantaba, pero jamás dejé de entrenar, de competir. Las Olimpiadas de Sydney 2000 fueron las primeras que vi ya siendo taekwondoína y fueron casualmente las primeras en las que el Taekwondo fue integrado como deporte de Olimpiadas. Me enamoré, comenzó mi sueño de ir a las Olimpiadas, "un día estaré ahí." Lloré tanto en cada una de las inauguraciones de Las Olimpiadas cada 4 años... soñando añorando estar ahí representando a mi país.
Iba a las competencias y me halagaban, me decían que era fuerte, buena competidora, que podía llegar lejos. Un día fui seleccionada, para entrar al equipo de la Selección de Nuevo León. Pero no tenía quien me llevara a los entrenamientos pues era muy lejos de mi casa, yo era aun muy chica y no me dejaban irme en camión. Yo aun era muy miedosa como para enfrentar a mis padres, lo que ellos decían eso era, así que ni rezongué, simplemente me quedé local.
A los 17 años me fui unos meses a vivir a USA y como me estaba preparando para presentar la cinta negra mientras estuve allá seguí entrenando en una escuela de la localidad. Ahí el maestro me apoyó muchísimo, yo seguía entrona, fuerte y sin miedo a los golpes. Competí allá y gané 2do lugar, solo porque las reglas allá eran ligeramente diferentes y no supe como defender ciertos golpes a los que yo no estaba acostumbrada. Pero le saqué muchos sustos a todas porque yo golpeaba muy fuerte a comparación de las demás.
Le conté a el maestro mis sueños, mi deseo de ser cinta negra e ir a las Olimpiadas. Me ofreció entrenarme con alguien que preparaba gente para ir a las Olimpiadas si quería podría quedarme, mis tíos podrían adoptarme y ser mis tutores legales, yo podría ser residente y representar un día a USA en las Olimpiadas... Mi sueño podría hacerse realidad. Pero yo dije que no, que si un día llegaba hasta ahí sería representando a mi país, porque yo soñaba con ver la bandera de México alzarse y cantar mi himno nacional.
Volví a casa decidida a presentar el examen de cinta negra, que para pagar tuve que trabajar, con mucho sacrificio, dejando las fiestas y las amistades por entrenar, competir, dormir temprano, comer saludable, trabajar y estudiar, no dejar de entrenar.
Finalmente presenté el tan anhelado examen en Puebla, 3 días de seminario y examen. Fui la más feliz lloré tanto cuando me entregaron mi cinta, la ceremonia fue super emotiva. Regresé a casa con 18 años cumplidos muy feliz de un logro más en mi vida.
Acababa de entrar a la Universidad, seguí entrenando, aunque con menos frecuencia, ya trabajaba y estudiaba, la Facultad me quedaba sumamente lejos al igual que el trabajo, cada vez tenía menos tiempo, pero no lo dejaba.
Me mudé finalmente de casa más cerca de la Universidad y con el dolor de mi corazón dejé la escuela que me inició, que me vio crecer y convertirme en cinta negra. Pero no quería dejarlo así que no tuve opción. Luego a falta de equipo de Taekwondo en mi Facultad yo pedí permiso en dirección y creé mi propio equipo para competir en la Universiada. Hice la convocatoria, a la cual respondieron 4 personas, yo los entrenaba en mi casa, pues en la escuela no había espacio.
Los llevé a competir y uno sacó medalla, entonces nos voltearon a ver. Para entonces yo estaba en mi último semestre. Cuando me gradué les dieron uniformes, finalmente les dieron su lugar y tuvieron un entrenador y espacio para entrenar ahí mismo. Yo me fui y no alcancé a disfrutarlo pero me fui feliz de haber hecho algo por la Facultad aunque nadie supo nunca que yo lo inicié.
Comenzó mi vida laboral. Dejé finalmente el trabajo que me dio para pagar toda la Universidad, para hacer algo más de acuerdo a mi carrera. El trabajo me fue consumiendo cada vez más, el tiempo, el cansancio, el estrés. Poco a poco lo fui dejando, lo dejaba un año, luego volvía, 6 meses me desaparecía y luego volvía. Fui maestra de Taekwondo incluso por 6 meses, fue algo increíble, maravilloso, hermoso. Enseñar siempre fue algo que me gustó, preparar pequeñas mentes para crecer siendo grandes seres humanos. Pero tristemente no me podía mantener con lo que ganaba, y nuevamente me fui a otro trabajo que me desgastaba, hasta que a los 25 años lo dejé por completo y esta vez ya no volví.
Decidí retirarme el día que me di cuenta que el Taekwondo ya nunca me daría lo que tanto anhelaba. Cada vez bajaba más mi rendimiento a falta de constancia, necesitaba mejorar mucho mi técnica, mi condición, había chavas más jóvenes que yo, más fuertes y ágiles que yo. Ya no había competencias para gente de mi edad, ya no podría avanzar más. Solo lo practicaría como deporte de hobby y para mantenerme en forma. Eso no era lo que yo esperaba del Taekwondo, mi sueño cada vez estaba más lejos. Así que decidí que me retiraría en ese momento y recordando mis mejores momentos, cada anécdota hermosa que tuve, de golpes sufridos en entrenamientos, en competencias, cada vez que me levanté, cada vez que tuvieron miedo de pelear conmigo, cada derrota, cada victoria, cada coraje, cada sacrificio, la seguridad que me dio, los años de amistades, de viajes, del olor al sudor impregnado en el equipo de protección, del sudor corriendo por la frente, del tatami en mis pies descalzos, los moretones, las ampollas, quemaduras. Que buenos recuerdos.
El Taekwondo me dio mucho, me dejó grandes enseñanzas, de disciplina, persistencia, de esfuerzo y constancia. Dejó un vació tan grande que tenía la necesidad de llenarla con algo más, sentía que mi vida no tenía sentido si solo vivía para trabajar. Entonces lo decidí, recordé lo mucho que amaba la música y la actuación. A la vez recordé el miedo que tenía de pararme frente al público, pero decidí enfrentar ese miedo y superarlo. Entré a clases de canto, luego a un taller de actuación, poco a poco y con los años fui superando esos obstáculos y metiéndome más y más hasta que hoy puedo decir que ya no me duele haber dejado el Taekwondo y creo que por algo pasan las cosas, mi destino estaba en el arte. Disfruto mucho actuar, estar en el escenario, estar frente a la cámara. Finalmente amo lo que hago y aquí no me da miedo ser demasiado grande para empezar, sé que aun puedo lograr algo, nunca es tarde, seguiré mi camino, hasta donde me lleve.
Ahora que ya no forma parte de mi vida, que lo veo de lejos, desde afuera, me he puesto a reflexionar, en todo lo que me dio y que agradezco tanto.
Desde niña lo primero que desee ser fue actriz y cantante. Soñaba con aparecer en la tele, en el cine, llenar auditorios y transmitir emociones con mi voz, con la música. Pero crecí siendo muy insegura, llena de miedos. No sabía tomar decisiones ni pedir tomar clases, hacer algo, a todo le temía.
A los 10 años mi hermana vio una escuela de Taekwondo y le dijo a mi mamá que nos metiera, como a mi mamá siempre le gustaron las artes marciales nos metió a todas e incluso ella, estábamos mis dos hermanas, mi mamá y yo.
Fue mi salvación. El primer día lloraba del miedo, de la pena, de ver que yo no sabía hacer nada, que no llevaba uniforme como los demás, que no conocía a nadie, me sentía rezagada, excluida, sola.
Pero me gustó, me gustó mucho y no dejé de ir. Poco a poco pasaron los meses y fui haciendo amigos, me compraron mi uniforme, mejoré mis patadas, mi coordinación, aprendí formas.
Apenas había hecho mi primer examen y mi maestro me llevó a un torneo, se suponía que debía ser al menos cinta amarilla para pelear, pero ya me había estado preparando en clase y vio que me gustaba pelear, no le tenía miedo, incluso siempre me ponía con niños. Así que no dudó en incluirme en el torneo.
Fue en el Gimnasio Nuevo León lo recuerdo bien, era de formas, rompimiento de tablas y combate. No había adversarias para mi y me pusieron con un niño. En teoría solo se deben pelear hombres con hombres y mujeres con mujeres, pero mi maestro sabía que yo no pondría peros y a mi mamá tampoco le importó así que le entré. Y gané.
Ahí empezó todo. Jamás dejé de entrenar, de presentar, de aprender, de pelear. Se fueron saliendo todas, primero mi hermana la más chica, luego la de en medio y al final mi mamá. Quedé solo yo. La que tenía miedo, pena y no quería estar ahí. Había encontrado mi pasión. Me daba seguridad, me hacía sentir mejor, cada vez tenía menos miedo. En la escuela todos me respetaban porque practicaba Taekwondo, jamás alguien se metió conmigo.
Crecí y tuve la oportunidad de hacer teatro y cantar en el coro de la escuela, lo hice me encantaba, pero jamás dejé de entrenar, de competir. Las Olimpiadas de Sydney 2000 fueron las primeras que vi ya siendo taekwondoína y fueron casualmente las primeras en las que el Taekwondo fue integrado como deporte de Olimpiadas. Me enamoré, comenzó mi sueño de ir a las Olimpiadas, "un día estaré ahí." Lloré tanto en cada una de las inauguraciones de Las Olimpiadas cada 4 años... soñando añorando estar ahí representando a mi país.
Iba a las competencias y me halagaban, me decían que era fuerte, buena competidora, que podía llegar lejos. Un día fui seleccionada, para entrar al equipo de la Selección de Nuevo León. Pero no tenía quien me llevara a los entrenamientos pues era muy lejos de mi casa, yo era aun muy chica y no me dejaban irme en camión. Yo aun era muy miedosa como para enfrentar a mis padres, lo que ellos decían eso era, así que ni rezongué, simplemente me quedé local.
A los 17 años me fui unos meses a vivir a USA y como me estaba preparando para presentar la cinta negra mientras estuve allá seguí entrenando en una escuela de la localidad. Ahí el maestro me apoyó muchísimo, yo seguía entrona, fuerte y sin miedo a los golpes. Competí allá y gané 2do lugar, solo porque las reglas allá eran ligeramente diferentes y no supe como defender ciertos golpes a los que yo no estaba acostumbrada. Pero le saqué muchos sustos a todas porque yo golpeaba muy fuerte a comparación de las demás.
Le conté a el maestro mis sueños, mi deseo de ser cinta negra e ir a las Olimpiadas. Me ofreció entrenarme con alguien que preparaba gente para ir a las Olimpiadas si quería podría quedarme, mis tíos podrían adoptarme y ser mis tutores legales, yo podría ser residente y representar un día a USA en las Olimpiadas... Mi sueño podría hacerse realidad. Pero yo dije que no, que si un día llegaba hasta ahí sería representando a mi país, porque yo soñaba con ver la bandera de México alzarse y cantar mi himno nacional.
Volví a casa decidida a presentar el examen de cinta negra, que para pagar tuve que trabajar, con mucho sacrificio, dejando las fiestas y las amistades por entrenar, competir, dormir temprano, comer saludable, trabajar y estudiar, no dejar de entrenar.
Finalmente presenté el tan anhelado examen en Puebla, 3 días de seminario y examen. Fui la más feliz lloré tanto cuando me entregaron mi cinta, la ceremonia fue super emotiva. Regresé a casa con 18 años cumplidos muy feliz de un logro más en mi vida.
Acababa de entrar a la Universidad, seguí entrenando, aunque con menos frecuencia, ya trabajaba y estudiaba, la Facultad me quedaba sumamente lejos al igual que el trabajo, cada vez tenía menos tiempo, pero no lo dejaba.
Me mudé finalmente de casa más cerca de la Universidad y con el dolor de mi corazón dejé la escuela que me inició, que me vio crecer y convertirme en cinta negra. Pero no quería dejarlo así que no tuve opción. Luego a falta de equipo de Taekwondo en mi Facultad yo pedí permiso en dirección y creé mi propio equipo para competir en la Universiada. Hice la convocatoria, a la cual respondieron 4 personas, yo los entrenaba en mi casa, pues en la escuela no había espacio.
Los llevé a competir y uno sacó medalla, entonces nos voltearon a ver. Para entonces yo estaba en mi último semestre. Cuando me gradué les dieron uniformes, finalmente les dieron su lugar y tuvieron un entrenador y espacio para entrenar ahí mismo. Yo me fui y no alcancé a disfrutarlo pero me fui feliz de haber hecho algo por la Facultad aunque nadie supo nunca que yo lo inicié.
Comenzó mi vida laboral. Dejé finalmente el trabajo que me dio para pagar toda la Universidad, para hacer algo más de acuerdo a mi carrera. El trabajo me fue consumiendo cada vez más, el tiempo, el cansancio, el estrés. Poco a poco lo fui dejando, lo dejaba un año, luego volvía, 6 meses me desaparecía y luego volvía. Fui maestra de Taekwondo incluso por 6 meses, fue algo increíble, maravilloso, hermoso. Enseñar siempre fue algo que me gustó, preparar pequeñas mentes para crecer siendo grandes seres humanos. Pero tristemente no me podía mantener con lo que ganaba, y nuevamente me fui a otro trabajo que me desgastaba, hasta que a los 25 años lo dejé por completo y esta vez ya no volví.
Decidí retirarme el día que me di cuenta que el Taekwondo ya nunca me daría lo que tanto anhelaba. Cada vez bajaba más mi rendimiento a falta de constancia, necesitaba mejorar mucho mi técnica, mi condición, había chavas más jóvenes que yo, más fuertes y ágiles que yo. Ya no había competencias para gente de mi edad, ya no podría avanzar más. Solo lo practicaría como deporte de hobby y para mantenerme en forma. Eso no era lo que yo esperaba del Taekwondo, mi sueño cada vez estaba más lejos. Así que decidí que me retiraría en ese momento y recordando mis mejores momentos, cada anécdota hermosa que tuve, de golpes sufridos en entrenamientos, en competencias, cada vez que me levanté, cada vez que tuvieron miedo de pelear conmigo, cada derrota, cada victoria, cada coraje, cada sacrificio, la seguridad que me dio, los años de amistades, de viajes, del olor al sudor impregnado en el equipo de protección, del sudor corriendo por la frente, del tatami en mis pies descalzos, los moretones, las ampollas, quemaduras. Que buenos recuerdos.
El Taekwondo me dio mucho, me dejó grandes enseñanzas, de disciplina, persistencia, de esfuerzo y constancia. Dejó un vació tan grande que tenía la necesidad de llenarla con algo más, sentía que mi vida no tenía sentido si solo vivía para trabajar. Entonces lo decidí, recordé lo mucho que amaba la música y la actuación. A la vez recordé el miedo que tenía de pararme frente al público, pero decidí enfrentar ese miedo y superarlo. Entré a clases de canto, luego a un taller de actuación, poco a poco y con los años fui superando esos obstáculos y metiéndome más y más hasta que hoy puedo decir que ya no me duele haber dejado el Taekwondo y creo que por algo pasan las cosas, mi destino estaba en el arte. Disfruto mucho actuar, estar en el escenario, estar frente a la cámara. Finalmente amo lo que hago y aquí no me da miedo ser demasiado grande para empezar, sé que aun puedo lograr algo, nunca es tarde, seguiré mi camino, hasta donde me lleve.
lunes, 8 de mayo de 2017
Ser mayor
Un día desperté y mi sueño de niña de ser mayor se había hecho realidad.
Quería tener 25 y quedarme ahí para siempre. Creía que era la edad perfecta porque tendría edad suficiente para tomar mis propias decisiones, hacer lo que quisiera y ser aun joven.
Hoy estoy cada vez más cerca de los 30, me di cuenta que el tiempo no se detiene y sigue corriendo rápido sin consideraciones. Ahora quisiera volver a ser niña, disfrutar de jugar, ir a la escuela, entrenar taekwondo, hacer teatro, cantar, demorarme libros enteros y escribir como hacía antes, tener tiempo para todo, que el tiempo corriera lento.
No me puedo quejar, fui niña cuando debía ser niña, viví cada etapa como debía, disfruté cada momento. Pero ahora que estoy entrando a una nueva etapa como adulto no puedo dejar de recordar todo eso con nostalgia. Escenas vagas vienen a mi mente como flashazos instantáneos de mis películas favoritas.
Recuerdo todo lo bueno y lo malo, pero todo lo recuerdo con cariño porque es lo que me ha formado, sinceramente estoy orgullosa de la mujer en quien me he convertido.
Esos días en el cuarto de ensayo con mi papá cantando el pato patito, bailando sobre la cama con mi tía kikis, platicando horas enteras con mi mamá, viendo series y películas de cosas sobrenaturales. Los veranos en León con mis abuelos, los viajes a la playa, la comida y las meriendas de mi abuelita Rosalba. Los juegos de mesa, las travesuras con mis hermanas, Camila (te extraño Camila), las idas al cine en familia, las comidas en Saltillo, las visitas a los abuelos, las Navidades en grande. Los cumpleaños, las piñatas, las noches del grito en la plaza, mis grabaciones de locución con la grabadora de mi hermanita, mis cassettes con mis canciones favoritas, el coro de la iglesia y de la escuela, las clases de Taekwondo y teatro, los amigos, las fiestas. Las peleas por los permisos, el primer beso, el primer amor, la depresión de pubertad, los cambios fisiológicos y psicológicos. Los diarios, los cuentos, los poemas, los libros. Pasaba horas y horas enteras leyendo y escribiendo, sino iba a ser periodista iba a ser escritora, seguro que sí.
Mis prioridades y visión del futuro fueron cambiando, pero mis sueños no. Soñaba con ser cantante, actriz, escritora, deportista profesional. Aun sueño con todo eso…
Nunca pensé cómo sería estar con alguien en mi adultez, cómo sería la persona con la que estaría ni cómo viviría. Aunque siempre fui muy enamorada, pensaba que nunca encontraría a esa persona ideal para mí, alguien que me quisiera tal cual soy, con quien no tuviera miedo de mostrarme en mi estado natural, que amara tanto mis defectos como mis virtudes, que amara lo que hay dentro de mí y no solo lo que se ve afuera.
Muy joven viví muchas experiencias amorosas, experiencias que me fueron llevando a aprender y madurar en ese aspecto, a valorarme más y valorar a los demás, aprender de mis errores y mejorar.
Hace tres años llegué a ese punto donde estaba lista, lista para recibir al amor de mi vida. Hoy estamos juntos y emprenderemos un nuevo viaje, un nuevo camino de la mano.
Me siento feliz, me siento completa, estoy lista para lo que viene, me emociona seguir viviendo, aprendiendo, creciendo y madurando ahora con él.
Gracias a mis padres que me ayudaron a llevarme por el buen camino, que me acompañaron en el viaje de la niñez, la pubertad, adolescencia y juventud. Gracias por seguir aquí apoyándome en cada decisión y cada camino que tomo.
Formo parte de una hermosa familia y ahora formaré la mía.<3 nbsp="" p="">3>
martes, 29 de marzo de 2016
¿Cómo saber que estás con la persona correcta?
No solo es quien te hace feliz, es con quien sabes que eres libre y no tienes que utilizar la frase: "quiero estar soltero(a) para ser libre".
¿En qué momento la relación de pareja se convirtió en un candado o una esclavitud? Siglos atrás no te dejaban decidir, te casaban por conveniencia, lo que sea mejor para la familia. Hoy (en casi todos los casos) nadie te obliga a estar con quien estás, tú decides eso, ¿porqué entonces si tienes libertad de decidir con quien estar, hacerlo con quien te sientes atado(a)?
Somos individuos libres y nadie tiene derecho a privarte de tu libertad de ser, pensar, decidir y hacer.
El día que encuentres a una persona con quien puedas ser tú mismo sin restricciones, con quien puedas decir lo que piensas sin miedo, con quien puedas hacer lo que te gusta sin que te lo prohiban, cuando puedas compartir tu vida con la pareja sin tener que cambiarla, cuando puedas salir con tus amigos, ir de viaje, tomar clases, trabajar o cualquier cosa sin reproches de tu pareja, entonces sabrás que estás con la persona correcta.
Una persona que respeta quien eres, que te valora por lo que eres, que te admira por tus logros, que te ama por como eres, que no espera cambiarte, sino ama tus defectos tanto como tus virtudes.
Y si eres de las personas que por el contrario no saben dar libertad, piensa bien en lo que haces. No somos dueños de nadie, no podemos poseer a una persona, no podemos prohibirles nada, debemos aprender a confiar, amar y dejar ser. Si no te gusta como es, su ritmo de vida o lo que hace, entonces no es la persona indicada para ti, no puedes cambiar a una persona para que sea lo que tú deseas o esperas.
Cuando aprendemos a amarnos y respetarnos a nosotros mismos, a disfrutar y entender lo que la libertad implica, ese día encontraremos ese amor maravilloso, mágico y que parecía imposible. Porque nada es imposible, todo lo que deseas lo puedes obtener.
Las cosas son fáciles, las personas somos las difíciles, complicamos las cosas al intentar reparar lo irreparable, intentar solucionar con métodos que sabemos no son la real solución, pero tememos hacer lo correcto.
No te permitas sufrir, nadie tiene la necesidad de hacerlo ni merece hacerlo, todos tenemos derecho a la felicidad, pero la felicidad está en ti, no en los demás. Esa es la clave, que la persona que llegue a tu vida comparta tu felicidad y la haga más grande, pero jamás lo contrario.
Etiquetas:
amar,
amor,
atar,
confianza,
decidir,
felicidad,
libertad,
libertad y pareja,
pareja,
pareja correcta,
persona correcta,
poseer,
posesivo
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Ser adulto es
¿Cuándo me convertí en un adulto? Me di cuenta cuando cambié los tenis por zapatos, las mochilas por bolsas de mano, los dulces por maquillajes y la cartera con cartitas y dibujos por tarjetas, recibos y dinero que yo había ganado, cuando tuve que trabajar para cubrir mis necesidades y deseos; cuando compré mi primer carro; cuando obtuve mi primer trabajo titulada, cuando mi clóset de pronto cambió totalmente por ropa de vestir y tacones, cuando mi celular no paraba de sonar y el trabajo no me dejaba descansar. Cuando dejé de jugar y comencé a preocuparme por que el dinero alcanzara.
De pronto voltee atrás y vi que habían pasado 15 años cuando apenas era una niña que saltaba en las escaleras, veía caricaturas, escribía en su diario, salía con su familia al cine, hacía pijamadas con sus amigas, iba a los bailes escolares, y entraba apenas a la pubertad. Deseaba en ese tiempo tener 21 años, la edad perfecta creía yo, pues eres mayor para hacer todo lo que deseas pero eres aún muy joven y puedes disfrutarlo todo.
Muchas cosas de las que imaginé que haría para esa edad fueron verdad, ya trabajaba, me compré un auto y ya manejaba fuera de la colonia, ya estaba titulada e intentaba vivir una vida más independiente, ¡ya no temía por los permisos o por tener novio!, hacía finalmente lo que de adolescente no me dejaban. Pero en ese momento aún estás en una etapa de gran aprendizaje ¡y nunca se deja de aprender!, sigues creciendo y te vas dando cuenta de tus errores en base a tus experiencias, vas madurando.
Sin embargo el tiempo no perdona, sigue avanzando y nos quedamos a veces varados sin darnos cuenta que ya tienes casi 30 años. Para los de 50, 30 suena muy poco, muy joven, aún mucho por conocer y vivir, para los de 10, 30 suena muy grande, todo un adulto responsable, independiente, autónomo e inclusive con familia y la vida resuelta.
Pero la verdad es que cuando llegas a la edad adulta, cuando das ese salto, te das cuenta que realmente no sabes nada, no sabes como ser un adulto, no sabes qué debes o no debes hacer, pero te das cuenta que solo debes ser tú mismo y dejarte llevar. Es por eso que para todos es diferente, para unos tener 30 significa comenzar a vivir, a experimentar, conocer, aprender; para otros es ser un adulto responsable que debe mantener a su familia; para otros es una combinación de las dos anteriores.
Yo aún no cumplo 30, aun me faltan unos cuantos años, pero sé que llegarán muy pronto, así como llegaron los 26 que tengo hoy y lo que he entendido de ser adulto es que te llenas de responsabilidades, pero también tienes la libertad de elegir como deseas vivir y qué deseas hacer, entonces decidí ser un adulto joven que le gusta aún jugar y reír, hacer pijamadas, saltar y bailar, cantar y escribir. Decidí seguir siendo esa niña de 10 años, sólo con nuevos retos por superar.
De pronto voltee atrás y vi que habían pasado 15 años cuando apenas era una niña que saltaba en las escaleras, veía caricaturas, escribía en su diario, salía con su familia al cine, hacía pijamadas con sus amigas, iba a los bailes escolares, y entraba apenas a la pubertad. Deseaba en ese tiempo tener 21 años, la edad perfecta creía yo, pues eres mayor para hacer todo lo que deseas pero eres aún muy joven y puedes disfrutarlo todo.
Muchas cosas de las que imaginé que haría para esa edad fueron verdad, ya trabajaba, me compré un auto y ya manejaba fuera de la colonia, ya estaba titulada e intentaba vivir una vida más independiente, ¡ya no temía por los permisos o por tener novio!, hacía finalmente lo que de adolescente no me dejaban. Pero en ese momento aún estás en una etapa de gran aprendizaje ¡y nunca se deja de aprender!, sigues creciendo y te vas dando cuenta de tus errores en base a tus experiencias, vas madurando.
Sin embargo el tiempo no perdona, sigue avanzando y nos quedamos a veces varados sin darnos cuenta que ya tienes casi 30 años. Para los de 50, 30 suena muy poco, muy joven, aún mucho por conocer y vivir, para los de 10, 30 suena muy grande, todo un adulto responsable, independiente, autónomo e inclusive con familia y la vida resuelta.
Pero la verdad es que cuando llegas a la edad adulta, cuando das ese salto, te das cuenta que realmente no sabes nada, no sabes como ser un adulto, no sabes qué debes o no debes hacer, pero te das cuenta que solo debes ser tú mismo y dejarte llevar. Es por eso que para todos es diferente, para unos tener 30 significa comenzar a vivir, a experimentar, conocer, aprender; para otros es ser un adulto responsable que debe mantener a su familia; para otros es una combinación de las dos anteriores.
Yo aún no cumplo 30, aun me faltan unos cuantos años, pero sé que llegarán muy pronto, así como llegaron los 26 que tengo hoy y lo que he entendido de ser adulto es que te llenas de responsabilidades, pero también tienes la libertad de elegir como deseas vivir y qué deseas hacer, entonces decidí ser un adulto joven que le gusta aún jugar y reír, hacer pijamadas, saltar y bailar, cantar y escribir. Decidí seguir siendo esa niña de 10 años, sólo con nuevos retos por superar.
jueves, 17 de septiembre de 2015
El momento de los 26
Hoy desperté y mi cuerpo era distinto, más repuestito dirían mis papás, de mi rostro salió tal vez la primer arruga y de mi cabello la primera cana, bueno tal vez no la primera, pero sí la más significativa. Desperté sabiendo cosas que antes no sabía ni entendía. Tal vez todo esto no fue de la noche a la mañana, pero el proceso a través del tiempo en un año consiguió lograr estos resultados.
Hoy desperté y ya tenía 26 años, entonces llega el momento de analizar mi vida hasta ahora, qué he logrado y que aún no. Qué ha sucedido en este año y si he hecho que valga la pena el tiempo transcurrido.
Sinceramente me siento orgullosa de mí misma. Hace dos años comencé el proceso del cambio, de la renovación, de encontrarme con Laura, de decirle quien soy verdaderamente y que no tenga miedo de ser ella misma. He avanzado mucho, he crecido mucho. He logrado vencer miedos y lo sigo haciendo. He comenzado a luchar por sueños frustrados, por esos sueños escondidos muy profundamente que a nadie decía porque yo misma me reprimía diciendo que jamás lo lograría. Hoy ya no veo nada imposible. Nunca es tarde, hubiera querido comenzar mi camino a los 15 como todo adolescente y ya tengo 26, muchos dirán que ya debería estar pensando en casarme y tener hijos pero quedé atrapada en el tiempo y apenas comienzo a vivir.
Estoy muy feliz de que después de que cumplí 22 años y comencé a no querer festejar mi cumpleaños, hoy 4 años después finalmente logré romper con esa tonta idea y decidí festejarme junto a dos amigas más, fue una gran fiesta, hubo mucha gente en mi casa como nunca, llovió horrores como en casi todos mis festejos/cumpleaños y sin embargo estaba feliz, porque la gente estaba ahí, todos estaban contentos y divirtiéndose.
Sigo teniendo a mi lado a mi familia, he creado un vínculo importante con nuevas personas, que ahora son grandes amigos míos. Todos estuvieron ahí ese día. Estuvo de nuevo un año más acompañándome mi novio, que ha ayudado a que siga siendo yo misma y que mi camino por la vida sea más sencillo y agradable.
He logrado algunos retos, otros aún están en proceso, me he puesto nuevos y aunque no todo en mi vida es perfecto, todo lo veo como pruebas que me pone la vida para poder subir un escalón más hacia el cumplimiento de nuevos sueños y metas, lo que me mantiene viva y con motivación para seguir avanzando.
Hoy estoy feliz pues me siento plena y completa, soy feliz con lo que soy y lo que tengo y de tener la oportunidad de seguir luchando por ser mejor.
¡Feliz cumpleaños a mi!
Hoy desperté y ya tenía 26 años, entonces llega el momento de analizar mi vida hasta ahora, qué he logrado y que aún no. Qué ha sucedido en este año y si he hecho que valga la pena el tiempo transcurrido.
Sinceramente me siento orgullosa de mí misma. Hace dos años comencé el proceso del cambio, de la renovación, de encontrarme con Laura, de decirle quien soy verdaderamente y que no tenga miedo de ser ella misma. He avanzado mucho, he crecido mucho. He logrado vencer miedos y lo sigo haciendo. He comenzado a luchar por sueños frustrados, por esos sueños escondidos muy profundamente que a nadie decía porque yo misma me reprimía diciendo que jamás lo lograría. Hoy ya no veo nada imposible. Nunca es tarde, hubiera querido comenzar mi camino a los 15 como todo adolescente y ya tengo 26, muchos dirán que ya debería estar pensando en casarme y tener hijos pero quedé atrapada en el tiempo y apenas comienzo a vivir.
Estoy muy feliz de que después de que cumplí 22 años y comencé a no querer festejar mi cumpleaños, hoy 4 años después finalmente logré romper con esa tonta idea y decidí festejarme junto a dos amigas más, fue una gran fiesta, hubo mucha gente en mi casa como nunca, llovió horrores como en casi todos mis festejos/cumpleaños y sin embargo estaba feliz, porque la gente estaba ahí, todos estaban contentos y divirtiéndose.
Sigo teniendo a mi lado a mi familia, he creado un vínculo importante con nuevas personas, que ahora son grandes amigos míos. Todos estuvieron ahí ese día. Estuvo de nuevo un año más acompañándome mi novio, que ha ayudado a que siga siendo yo misma y que mi camino por la vida sea más sencillo y agradable.
He logrado algunos retos, otros aún están en proceso, me he puesto nuevos y aunque no todo en mi vida es perfecto, todo lo veo como pruebas que me pone la vida para poder subir un escalón más hacia el cumplimiento de nuevos sueños y metas, lo que me mantiene viva y con motivación para seguir avanzando.
Hoy estoy feliz pues me siento plena y completa, soy feliz con lo que soy y lo que tengo y de tener la oportunidad de seguir luchando por ser mejor.
¡Feliz cumpleaños a mi!
lunes, 19 de enero de 2015
Nuestro hogar, nuestro Planeta
El hombre de la actualidad está encerrado en un cubo oscuro donde sólo existen los empleos, los celulares, las computadoras, los televisores y videojuegos. Cada vez existen más 'gadgets' que los alejan de su realidad, ven todo a través de pantallas sin darse cuenta de que lo tienen frente a sus ojos.
Talan árboles para hacer centros comerciales y departamentos, matan animales por vanidad, poder, simplemente si les estorban en sus planes; usan materiales desechables que tardan más de 50 años en desintegrarse por el simple hecho de evitar la fatiga de limpiar, compran cosas nuevas por evitar la fatiga de reutilizar, avientan todo a la basura por evitar la fatiga de llevar las cosas a su lugar.
Nos hemos vuelto cada vez más perezosos, esclavos de la tecnología, de lo fácil, de lo contaminante. ¡Hemos logrado cosas inimaginables! Contaminar ríos, lagos y hasta mares. Derribar bosques enteros, matar hasta la extinción una raza animal, tirar tanta basura que ya no cabe en el Planeta, ignorar los problemas tan graves que hay a nuestro al rededor por estar tan ocupados viviendo nuestras vidas. ¿Acaso a eso le podemos llamar vida?
¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de respirar aire puro y fresco? De acariciar las hojas de un árbol, oler las flores sin que hayan sido previamente arrancadas, de escuchar el canto de las aves por las mañanas, observar los cambios del cielo en el día, las nubes, las estrellas y la Luna; de acostarte en el césped a escuchar a la Madre Naturaleza.
No sólo es lo que le hacemos a nuestro Planeta, es lo que nos hacemos a nosotros mismos, creemos estar viviendo pero no es así, estamos demasiado contaminados y no nos hemos dado cuenta, ¡Necesitamos volver a la Naturaleza! Volver a sentir la tierra, trabajarla, amarla y cuidarla; volver a darnos el tiempo de respirar aire puro, de apagar nuestros dispositivos y voltear a nuestro al rededor y ver lo que sucede en él. Observar lo que nos queda y con lo que hemos acabado; hacer conciencia y ayudar, dar una solución. No podemos cambiar el Planeta entero, pero sí nuestro entorno y así crear un lugar mejor para vivir con salud y armonía el resto de nuestros días, dejando la mejor herencia que le podemos dejar a nuestros descendientes, nuestro Planeta.
martes, 13 de enero de 2015
LA LUNA
La luna guarda los secretos del corazón humano.
Esconde los de aquellos amores imposibles,
de los enamorados que viven invensibles,
de los que escapan de su realidad y se resguardan en su mano.
Guarda el llanto de un amor no correspondido,
y de quien ha perdido a un ser querido.
Calma el dolor de los que están lejos,
de niños y viejos.
La luna observa a quien la mira con tristeza y soledad,
a quien le llama pidiendo consuelo y paz,
a los que piden iluminación, un poco de inspiración,
y los que aguardan por una solución...
jueves, 10 de abril de 2014
Luna llena
Mi luna es tu Luna, tu Luna es mía también; siempre la creí sólo mía, no la compartía, hasta que apareciste tú y entendí que ambos proveníamos de ahí, ¡sí! Fue ahí donde nuestras almas comenzaron a existir, sólo que fuimos creados en polos opuestos, pero en el momento indicado llegó el destino para podernos unir.
Sucedió un día que decidimos cambiar el rumbo y averiguar que había en el otro lado de la Luna, pues cansados estábamos de no ver diferencia alguna. Esa noche la Luna estaba llena, tan plena, ¡tan bella! En esa misma luna te encontré, donde creí estar sola con ella, con mi fiel y confidente compañera; nunca me dijo que otra alma alvergaba, otra que como yo en ella se refugiaba.
Y ahí me encontraste, a la mitad de la noche, en esa misma Luna llena, ésa que con su delicada y brillante luz nos iluminó y formó por primera vez nuestros corazones. Al verse mutuamente en su forma más pura nuestras almas ya no se quisieron separar. Entonces ahí estabas tú y ahí estaba yo, mirándonos sin decir nada hasta el amanecer.
**
Cuando el sol nació y la Luna se escondió surgió la vida de dos seres en la Tierra. Llegaron en tiempos diferentes, crecieron en polos opuestos, pero la Luna no olvidaba a aquellas almas que por ella se encontraron por primera vez, esa mirada profunda que intercambiaron sin palabras; aquéllas que cada noche voltean al cielo y la ven con tanto amor, añorando su calor, sin entender porqué la quieren tanto. Sabía lo que debía hacer y llegado el momento ella conspiró para que se volvieran a ver.Dos personas caminan por la calle de noche viendo el cielo, apreciando la luna hipnotizados con su luz y belleza, no ponen atención a lo que sucede a su al rededor durante ese momento, siguen caminando, están a punto de chocar; se detienen, bajan la mirada y ahí están. A través de la mirada pudieron verse mutuamente las almas, entonces supieron, sin saber aún porqué, que el destino los había unido no por primera vez.
jueves, 21 de noviembre de 2013
LA DROGA QUE TODOS CONSUMEN
Desde que nacemos nos enseñaron a comer, gatear, luego caminar, hablar, actuar. Nos educan de manera diferente pero siempre hay un común denominador, un patrón a seguir para sobrevivir.
Nos enseñan a vivir en sociedad y para eso nos implantaron reglas. Pero el hombre ha hecho estas reglas según sus intereses, por lo que no todo parece ser lo ideal. El problema es que como así nos criaron y nos enseñaron que así debíamos ser, así debíamos comportarnos, no nos detenemos a analizar nuestra forma de vida ni nuestra forma de pensar y actuar, si es realmente la correcta. Pues sólo conocemos lo que nos enseñaron desde el nacimiento, sólo sabemos que si nos salimos del sistema estamos mal. Pero, ¿estamos realmente mal?
Si lees más allá de las lecturas que te dan, que te permiten, descubrirás un mundo diferente, donde hallarás otras verdades. Si ves más allá de la televisión que te transmiten, de la local que te difunden, descubrirás que existen otras culturas, pensamientos e ideologías diferentes de las cuales puede uno aprender. Si ves más allá de las limitaciones de la sociedad y las religiones, abrirás los ojos, y entonces tendrás conciencia propia, entonces ya no estarás tan de acuerdo con el sistema. Y los demás borregos creerán que estás mal, aquellos zombis te creerán loco, te mandarán a la horca.
La peor droga es la que nos implantan cuando nacemos, sin que nos enteremos de ello. Cuando aún no tenemos conciencia, aprovechan para moldearnos a su manera y enseñarnos a vivir dentro de un sistema regido por los intereses del hombre.
Y no puedes desintoxicarte de esta droga porque no sabes que la consumes. Crees que es normal pues está en tu sistema neurológico desde el primer día, creces con ella, vives con ella. Crees que sin ella no podrías vivir.
Esa droga está ahí, en todas partes, en todos, y nadie se da cuenta. Pero algunos ya la descubrieron, y se están desintoxicando, ya están desintoxicando a otros.
Todo está en que te permitas abrir los ojos... sólo TÚ tienes el poder.
lunes, 21 de octubre de 2013
Donde se da el principio
En el silencio del vacío, en la oscuridad de un agujero negro,
se va formando el primer ser de un lugar que no existe.
Una reina oscura, una reina blanca, una reina sin nombre.
Esta reina no es buena ni mala,
pues en su entorno no hay nada.
No podemos ver su rostro ni su cuerpo.
No podemos saber si en ella la belleza predomina,
si pudiera pasar desapercibida,
o de fealdad fuera concebida.
En su reino no hay castillo, techo o pared,
no los necesita, pues el mundo está a su merced.
Pero este mundo está vacío, no hay a quien reinar.
Piensa entonces otra vida crear.
Sentada ahí en el vacío, entre penumbras pensaba,
mientras un pequeño zumbido a su oído molestaba.
Creyó que su mente lo hacía,
más cuenta se dio que del exterior provenía.
-¿Qué es? Sólo yo existo aquí-, o al menos eso creía.
Como todo era oscuro, sabía que jamás lo vería.
El zumbido se fue haciendo cada vez más intenso,
hasta que de pronto un estallido iluminó su universo.
Algo llegó con aquella explosión que la reina ya podía ver,
una gama de colores comenzaban a emerger.
Cuando los vio, se dio cuenta que al fin tendría a quien reinar,
aquél agujero negro que antes no existía,
ahora estaba por comenzar.
La reina no volverá a estar sola.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Día del tiempo
Nos han tratado de crear conciencia mil veces sobre el tiempo. Incluso hay una película que claramente nos habla de lo valioso que es. Que si nos pagaran con tiempo de vida en lugar de dinero, lo valoraríamos más.
¡Y es verdad! Olvidamos que cada segundo que pasa no lo vamos a recuperar. Se perdió, se fue para siempre. ¡Piénsalo! Has invertido, o malgastado tu tiempo.
Es por eso que cada año celebramos el día del tiempo. Pues ya que día a día lo olvidamos, tenemos así un día para recordar, pensar, reflexionar y valorar. Qué hicimos en ese año que ya pasó. Si vamos bien en el camino que decidimos tomar, o si debemos crear uno nuevo, dar la vuelta e irnos por otro.
En este día se te pide despertar temprano, (el tiempo, recordemos, es clave importante en este día) para reflexionar primero haciéndote preguntas como: ¿Qué planes de vida tengo? ¿Ya comencé a hacer lo que debo para realizar mis metas, mis sueños? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿En qué invertí mi tiempo el año pasado? ¿En qué lo malgasté? ¿Estoy siendo feliz haciendo lo que hago? ¿Qué es lo que deseo continuar haciendo este año? Y ¿Qué debo dejar?
Entonces, habiendo hecho esta reflexión, te dispones a vivir un día al máximo. A aprovechar cada minuto como si fuera el último. Tú decides qué deseas hacer. Tal vez sea el día para tomar decisiones grandes, o para hacer cosas pequeñas. Tal vez ese día quieras ver a alguien, ir a algún lugar en especial, hacer algo que siempre has querido hacer y no te has dado el tiempo de hacerlo. ¡Este es el día!
En este día suele haber muchas renuncias en los trabajos, incluso despidos. Familias que se unen, otras que se separan; parejas que rompen, pero muchas otras relaciones que nacen. Unos deciden quedarse, otros deciden irse. Algunos comienzan proyectos nuevos, otros deciden cerrar ciclos.
Hay gente que lo toma como el día de la verdad. Pues se arman de valor para decir lo que nunca han podido. A sus padres, hermanos, hijos, novios, esposos, compañeros de trabajo, jefes. Ese día pueden desahogarse y al fin respirar.
Para muchos es el día más feliz, para otros no, nunca sabes qué pasará. Tal vez alguien llegue dándote una mala noticia, o todo lo contrario. Todo está en la reflexión que hayas hecho al inicio del día, esa es la clave. Así estarás preparado para lo que venga y sabrás que pase lo que pase, será un nuevo punto de partida para tomar decisiones y caminos.
A diferencia de los días religiosos que no todos celebran, el día del tiempo es la oportunidad para que un día al año, podamos todos reformar nuestra vida, darnos la oportunidad de hacer las cosas bien, de un nuevo comienzo.
¡Y es verdad! Olvidamos que cada segundo que pasa no lo vamos a recuperar. Se perdió, se fue para siempre. ¡Piénsalo! Has invertido, o malgastado tu tiempo.
Es por eso que cada año celebramos el día del tiempo. Pues ya que día a día lo olvidamos, tenemos así un día para recordar, pensar, reflexionar y valorar. Qué hicimos en ese año que ya pasó. Si vamos bien en el camino que decidimos tomar, o si debemos crear uno nuevo, dar la vuelta e irnos por otro.
En este día se te pide despertar temprano, (el tiempo, recordemos, es clave importante en este día) para reflexionar primero haciéndote preguntas como: ¿Qué planes de vida tengo? ¿Ya comencé a hacer lo que debo para realizar mis metas, mis sueños? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿En qué invertí mi tiempo el año pasado? ¿En qué lo malgasté? ¿Estoy siendo feliz haciendo lo que hago? ¿Qué es lo que deseo continuar haciendo este año? Y ¿Qué debo dejar?
Entonces, habiendo hecho esta reflexión, te dispones a vivir un día al máximo. A aprovechar cada minuto como si fuera el último. Tú decides qué deseas hacer. Tal vez sea el día para tomar decisiones grandes, o para hacer cosas pequeñas. Tal vez ese día quieras ver a alguien, ir a algún lugar en especial, hacer algo que siempre has querido hacer y no te has dado el tiempo de hacerlo. ¡Este es el día!
En este día suele haber muchas renuncias en los trabajos, incluso despidos. Familias que se unen, otras que se separan; parejas que rompen, pero muchas otras relaciones que nacen. Unos deciden quedarse, otros deciden irse. Algunos comienzan proyectos nuevos, otros deciden cerrar ciclos.
Hay gente que lo toma como el día de la verdad. Pues se arman de valor para decir lo que nunca han podido. A sus padres, hermanos, hijos, novios, esposos, compañeros de trabajo, jefes. Ese día pueden desahogarse y al fin respirar.
Para muchos es el día más feliz, para otros no, nunca sabes qué pasará. Tal vez alguien llegue dándote una mala noticia, o todo lo contrario. Todo está en la reflexión que hayas hecho al inicio del día, esa es la clave. Así estarás preparado para lo que venga y sabrás que pase lo que pase, será un nuevo punto de partida para tomar decisiones y caminos.
A diferencia de los días religiosos que no todos celebran, el día del tiempo es la oportunidad para que un día al año, podamos todos reformar nuestra vida, darnos la oportunidad de hacer las cosas bien, de un nuevo comienzo.
Día de la primera lunalización
La Federación Galáctica anunció a los terrícolas que si no arreglaban su mundo, tendrían que destruirlo, ya que no lograba ser compatible con el resto de los planetas en la Galaxia. Era el planeta Tierra el único que no contaba con un representante en la Federación, pues estaban muy atrasados en su espiritualidad y conciencia, aún no podían entender ni su propia existencia.
Finalmente se llegó el día y sólo unos pocos lograron explotar su potencial; desarrollando habilidades psíquicas, una conciencia mayor, y un entorno donde la armonía y el amor predomina.
La Tierra fue destruida, y al estar preparados para vivir en este nuevo entorno, nuestros ancestros fueron salvados por aquella enrome nave de seres lunares.
Viajaron a la velocidad de la luz, rompieron las barreras del tiempo y espacio, de todo lo conocido por el hombre.
Aquí nada es como se conocía en la Tierra. Aquí existen unos gatos gigantes que son muy venerados, pues son las almas más viejas del conocimiento universal, y los guardianes de la Luna. Han estado y estarán aquí por toda la eternidad.
En lo profundo de sus ojos puedes ver las diferentes galaxias que hay, pero llevan siempre puestos unos enormes lentes oscuros, que en realidad son agujeros negros; y si estás capacitado, te dejarán viajar a través de ellos.
Las nuevas generaciones, quienes somos ahora mestizos, desde que nacemos tenemos capacidades que sólo los ancestros de la Tierra, con mucho esfuerzo y dedicación lograron desarrollar. Podemos pasar fácilmente de una dimensión a otra cuando lo deseamos, somos eternos, el tiempo es infinito.
Nuestras almas viajan a cualquier lugar; podemos decidir cuando dejar el cuerpo y ser simplemente conciencia pura. Para nosotros nada es complicado y mucho menos imposible.
Sin embargo, nosotros no conocímos a la gente de la Tierra que pereció, no entendemos cómo pudieron ser tan inconcientes, retrasados y malvados. Realmente no es creíble que nuestros ancestros hayan provenido de un lugar así.
Por eso cada año celebran el día en que llegaron a la Luna y nos cuentan esta historia, para recordarnos de dónde venimos, contarnos cómo fue la Tierra y la gente que vivió ahí; tanto lo bueno como lo malo que existió en ese lugar. Y de cómo su evolución, los llevó a la salvación, creando así esta nueva lunalización.
martes, 17 de septiembre de 2013
Feliz cumpleaños a mí
Quién eres para decirme que debo madurar, si tú a tu edad no puedes aún tomar decisiones, sentar cabeza y portarte como el adulto que ya eres.
Yo aún tengo mucho por vivir, aprender, experimentar, entender. Cosas por descubrir, lugares por conocer. Aún me falta encontrarme a mí misma, saber qué quiero, a dónde voy.
Era la una de la madrugada. Ya me habían felicitado todos en casa, ahora era tiempo de irse a dormir, hay que levantarse temprano e ir a trabajar. Pero mi cabeza me daba vueltas mientras intentaba conciliar el sueño. Me sentía muy rara, pensaba tantas cosas...
Yo aún tengo mucho por vivir, aprender, experimentar, entender. Cosas por descubrir, lugares por conocer. Aún me falta encontrarme a mí misma, saber qué quiero, a dónde voy.
Era la una de la madrugada. Ya me habían felicitado todos en casa, ahora era tiempo de irse a dormir, hay que levantarse temprano e ir a trabajar. Pero mi cabeza me daba vueltas mientras intentaba conciliar el sueño. Me sentía muy rara, pensaba tantas cosas...
Qué difícil es cumplir años de nuevo. No me deprime ni entristece hacerme un año más vieja. Al contrario. Agradezco el tener la oportunidad de vivir un año más, de tener la oportunidad de intentarlo de nuevo, de arreglar las cosas, de mejorar, de hacer algo, de ser alguien.
Pero en realidad lo que me deprime en cierto modo es, pensar en que ya no soy una niña, en que cumplir años ya no es hacer fiesta, pastel, las mañanitas, que te visiten tu familia y amigos y a divertirse sin pensar más. Ahora el cumpleaños es un momento para sentarte a reflexionar que has hecho de tu vida, en qué has gastado este tiempo, si lo has invertido bien, si estás logrando algo. Qué piensas hacer con el tiempo que se te regala ahora y cuánto más deseas obtener, para hacer qué con él.
Me convertí en adulto repentinamente. Un día amanecí y ya me había graduado de la Universidad, ya trabajaba tiempo completo, tenía tarjetas de crédito, un auto que pagar y algunos otros servicios. Ya no había más, tenía que hacerme cargo de mí misma. De pronto las responsabilidades se hicieron más grandes y mi vida personal ya no fue tan sencilla.
Comencé a pensar en que debo planear bien qué es lo que quiero de mi vida. El tiempo se me viene encima. Ya no hay tiempo para pensar qué quiero ser y qué quiero hacer. Se me va la vida y aún no lo sé.
Ya no es tan fácil tener una pareja, y decir vamos a ser novios. Ya no puedo jugar así. El día que decida estar con alguien es en serio y esperando formar un plan de vida a futuro juntos, no sólo para pasar el rato.
Ya no es tan fácil dejar un trabajo o cambiar a cada rato. Debes decidir dónde quieres estar y qué quieres aprender y hacia dónde va tu camino para saber si estás o no en el lugar adecuado.
Ya no tienes tantos amigos. Descubres quienes son los verdaderos, los que están ahí siempre incondicionalmente. Los que perdonan una y otra vez, los que piden perdón. Los que te apoyan en los momentos más difíciles. No sólo en los momentos alegres.
Tienes que ser fuerte ante las adversidades. Te das cuenta que cada vez estás más solo. No porque no tengas a tu familia y seres queridos que siempre te apoyan, simplemente ya tienes que volar. Hacer las cosas por tu propia cuenta, meterte en problemas y asumir las consecuencias. Resolver las cosas por ti mismo.
Y de pronto me pongo a pensar. ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué es lo que quiero? ¿Cuándo lo sabré?
¿Alguna vez lograré enamorarme y ser correspondida de la misma manera? ¿Encontraré algún día a esa persona con la que podré pasar el resto de mi vida? ¿O seré feliz sola? ¿Lograré cumplir mis sueños y metas? ¿Son acaso las que tengo las correctas? ¿Descubriré cuál es mi misión en esta vida?
Inevitablemente comencé a llorar, luego a los segundos me detuve, miré la pared fijamente, puse mi mente en blanco, cerré los ojos, me relajé y me dormí.
Feliz cumpleaños a mí.
Pero en realidad lo que me deprime en cierto modo es, pensar en que ya no soy una niña, en que cumplir años ya no es hacer fiesta, pastel, las mañanitas, que te visiten tu familia y amigos y a divertirse sin pensar más. Ahora el cumpleaños es un momento para sentarte a reflexionar que has hecho de tu vida, en qué has gastado este tiempo, si lo has invertido bien, si estás logrando algo. Qué piensas hacer con el tiempo que se te regala ahora y cuánto más deseas obtener, para hacer qué con él.
Me convertí en adulto repentinamente. Un día amanecí y ya me había graduado de la Universidad, ya trabajaba tiempo completo, tenía tarjetas de crédito, un auto que pagar y algunos otros servicios. Ya no había más, tenía que hacerme cargo de mí misma. De pronto las responsabilidades se hicieron más grandes y mi vida personal ya no fue tan sencilla.
Comencé a pensar en que debo planear bien qué es lo que quiero de mi vida. El tiempo se me viene encima. Ya no hay tiempo para pensar qué quiero ser y qué quiero hacer. Se me va la vida y aún no lo sé.
Ya no es tan fácil tener una pareja, y decir vamos a ser novios. Ya no puedo jugar así. El día que decida estar con alguien es en serio y esperando formar un plan de vida a futuro juntos, no sólo para pasar el rato.
Ya no es tan fácil dejar un trabajo o cambiar a cada rato. Debes decidir dónde quieres estar y qué quieres aprender y hacia dónde va tu camino para saber si estás o no en el lugar adecuado.
Ya no tienes tantos amigos. Descubres quienes son los verdaderos, los que están ahí siempre incondicionalmente. Los que perdonan una y otra vez, los que piden perdón. Los que te apoyan en los momentos más difíciles. No sólo en los momentos alegres.
Tienes que ser fuerte ante las adversidades. Te das cuenta que cada vez estás más solo. No porque no tengas a tu familia y seres queridos que siempre te apoyan, simplemente ya tienes que volar. Hacer las cosas por tu propia cuenta, meterte en problemas y asumir las consecuencias. Resolver las cosas por ti mismo.
Y de pronto me pongo a pensar. ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué es lo que quiero? ¿Cuándo lo sabré?
¿Alguna vez lograré enamorarme y ser correspondida de la misma manera? ¿Encontraré algún día a esa persona con la que podré pasar el resto de mi vida? ¿O seré feliz sola? ¿Lograré cumplir mis sueños y metas? ¿Son acaso las que tengo las correctas? ¿Descubriré cuál es mi misión en esta vida?
Inevitablemente comencé a llorar, luego a los segundos me detuve, miré la pared fijamente, puse mi mente en blanco, cerré los ojos, me relajé y me dormí.
Feliz cumpleaños a mí.
lunes, 9 de septiembre de 2013
El poder de los medios
Odio el mundo asqueroso de los medios, al estudiar la carrera de periodismo logré darme cuenta de lo que de verdad sucede adentro, y del poder que tienen sobre la sociedad, el pueblo, cómo manipulan todo y les hacen creer lo que quieren. Por eso estamos como estamos.
Se suponía que los medios servirían para ayudar a informar sobre lo que sucede, a comunicarle a la gente la verdad, ¡A descubrir la verdad!
Todos estamos idiotizados por los medios, no sabemos ya en qué y a quién creer. Manipulan la verdad, la realidad de las cosas a conveniencia del gobierno. Junto con todas las religiones conservadoras que pretenden mantener de mente cerrada a la gente para que no se revele, tenernos controlados, pues si pensamos por nosotros mismos podemos ser peligrosos para ellos.
Yo de niña soñaba con ser como Luisa Lane, ser una gran investigadora, buscar la verdad y sacarle los trapitos al sol a todos, que el pueblo se de cuenta de lo que hacen sus gobernantes y no las mentiras que les hacen creer. Incluso hacerme pasar por alguien y andar de encubierto para sacar información.
Pero fue un sueño que se fue perdiendo por mi necesidad económica de mantenerme, y como periodista no ganas ni para el transporte, para llegar a ganar bien te cuesta muchos años de experiencia y tener contactos. Yo no tenía tiempo para esperar a eso. Necesitaba dinero en ese momento para pagar mis estudios, y un trabajo digno. Y así fui abriéndome camino hacia la publicidad y mercadotecnia.
Entonces escribir pasó a ser un simple hobby. Pero aún con la esperanza de algún día llegar a escribir algo verdaderamente bueno, tal vez ya no como periodista, pero sí algún libro, canciones, letras que le lleguen a la gente, que ayude a crear conciencia, a abrir los ojos y la mente, ¡A despertar!
Y con la que me puedan recordar por toda la eternidad después de mi muerte.
Se suponía que los medios servirían para ayudar a informar sobre lo que sucede, a comunicarle a la gente la verdad, ¡A descubrir la verdad!
Todos estamos idiotizados por los medios, no sabemos ya en qué y a quién creer. Manipulan la verdad, la realidad de las cosas a conveniencia del gobierno. Junto con todas las religiones conservadoras que pretenden mantener de mente cerrada a la gente para que no se revele, tenernos controlados, pues si pensamos por nosotros mismos podemos ser peligrosos para ellos.
Yo de niña soñaba con ser como Luisa Lane, ser una gran investigadora, buscar la verdad y sacarle los trapitos al sol a todos, que el pueblo se de cuenta de lo que hacen sus gobernantes y no las mentiras que les hacen creer. Incluso hacerme pasar por alguien y andar de encubierto para sacar información.
Pero fue un sueño que se fue perdiendo por mi necesidad económica de mantenerme, y como periodista no ganas ni para el transporte, para llegar a ganar bien te cuesta muchos años de experiencia y tener contactos. Yo no tenía tiempo para esperar a eso. Necesitaba dinero en ese momento para pagar mis estudios, y un trabajo digno. Y así fui abriéndome camino hacia la publicidad y mercadotecnia.
Entonces escribir pasó a ser un simple hobby. Pero aún con la esperanza de algún día llegar a escribir algo verdaderamente bueno, tal vez ya no como periodista, pero sí algún libro, canciones, letras que le lleguen a la gente, que ayude a crear conciencia, a abrir los ojos y la mente, ¡A despertar!
Y con la que me puedan recordar por toda la eternidad después de mi muerte.
domingo, 8 de septiembre de 2013
No existe. ¿O simplemente lo olvidamos?
Tuve un maravilloso viaje a Xilitla, donde visité pequeños pueblos llenos de ríos y cascadas, me sentía en un mundo completamente diferente. ¡Todo era magnífico! Si ibas por la lancha podías remar mirando a tu al rededor las gigantes cascadas, las cuevas, los senotes. Parecía irreal su belleza.
Salté de una cascada sin salva vidas, de una altura considerable, la caída se me hacía eterna y al por fin tocar el agua me succionó en sus profundidades, para luego expulsarme rápidamente, dándome apenas oportunidad de salir a tiempo para respirar.
Nadé contra corriente en sus heladas aguas, sentí su fuerza, la energía del río que limpió mi cuerpo, mi mente, mi alma.
Camino de regreso a casa en el autobús mientras dormía sentí algo extraño que me hizo abrir los ojos, y extrañamente vi a un hombre muy delgado y muy alto, parecía medir dos metros, recargado en el respaldo de mi asiento, viéndome. No podía distinguir su rostro, no sabía si estaba dormido o realmente me observaba, yo sentía que sí. ¿Acaso me está sonriendo? pensé. La verdad sólo eran ideas mías no podía en realidad saber qué sucedía con él, de pronto pensé en que era imposible que fuera alguien del autobús y que pudiera estar metido detrás de mi asiento pues daba a la pared del baño, yo estaba hasta el fondo del autobús, el espacio era muy reducido; no sentí miedo, pero ya no quise investigar más, así que solo me giré y me dormí.
Al volver a casa la primera noche no podía conciliar el sueño. Me puse un antifaz para dormir, cerré mis ojos y entonces comenzaron a aparecer imágenes de mi viaje, fotografías mentales una tras otra rápidamente pasaban por mi cabeza, sentía como mis ojos se movían como canicas rebotando de un lado a otro aceleradamente.
De repente las imágenes cesaron y pude sentir entonces como mis ojos dejaron de moverse, mi cuerpo se iba relajando, sentí como caía cada vez más pesado en la cama, como mi alma comenzaba a desprenderse de mí. Entonces sucedió...
A pesar de tener los ojos cerrados, éstos se llenaron de una luz cegadora, ¡pero no tenía sentido!, yo llevaba puesto un antifaz y lo peor es que por alguna razón no podía abrirlos para ver qué sucedía. Entonces un rostro apareció ante mí; un joven de cabello corto, castaño, ojos azules, facciones delicadas, una belleza debo decir, indescriptible. Me observaba detenidamente, sin expresión alguna, no podía ver ni su cuello, lo único que lograba ver era su rostro, estaba demasiado cerca. Estaba asustada, no podía mover si quiera el cuerpo, ni abrir los ojos, estaba inmóvil.
Después de algunos segundos de ver esa imagen, ésta cambia y puedo ver que ahora me observa a través de lo que parece una ventana, o de una lupa, pues su rostro se veía ahora lejos pero des proporcional, como agrandado. Entonces veo que es una nave desde donde me observa.
No sé si fueron segundos o minutos, no puedo decir cuánto tiempo fue, pero de pronto me soltó. Ya no veía nada, todo era oscuridad de nuevo, mi cuerpo se relajó, podía moverme; rápidamente me quité el antifaz y abrí los ojos. Todo estaba como si nada, a mi lado estaba mi hermana viendo televisión tranquilamente sin saber todo lo que yo acababa de vivir.
Volteo hacia la ventana y hay una luz brillante que flota afuera. Entonces atraviesa la pared de mi cuarto y me vuelve a cegar. Aparece de pronto con una luz blanca resplandeciente rodeándolo. El hombre que acababa de ver en mi mente estaba ahora parado de cuerpo completo frente a mí. No me dice nada sólo me extiende la mano. No sé que hacer, estoy congelada.
No me asusta, tiene una mirada calmada, incluso me transmite confianza y familiaridad. Es como si ya lo conociera, como si en algún otro momento hubiera convivido ya con él y de alguna manera no lo recuerdo bien. Está vago en mi memoria.
Quiero hablarle pero no puedo hablar, no me salen las palabras. Pero pienso, ¿Quién eres? Y extrañamente él me contesta, sin mover sus labios. -Tú sabes quién soy, pero no me recuerdas. Y ahora necesito que vengas para recordártelo.
Él seguía extendiéndome la mano pacientemente, entonces ni siquiera voltee hacia atrás, simplemente la tomé y fue como quedarme dormida otra vez. De pronto abrí los ojos, estaba en mi cama y ya era de día.
-Hace mucho tiempo te llevé conmigo y hablamos de tus planes en la Tierra, pero cuando llegaste lo olvidaste por completo. Te contaminaste con todo aquello que hay a tu al rededor trabajando más de ocho horas diarias, estar tanto tiempo en convivencia con la tecnología, las computadoras, celulares, televisiones; mantienes tu mente ocupada en otras cosas, menos en las que realmente importan.
Cuando fuiste a aquél lugar maravilloso donde pasaste tres días en la naturaleza, en el agua, lejos de los celulares, del trabajo, de todo; superaste tu miedo a las alturas y al agua profunda. La pureza del río te limpió y todo eso en conjunto te dio de nuevo la apertura para poderte contactar otra vez, pudiste entonces verme.
Yo siempre estoy a tu lado, ¡Soy tu guía! pero tú no me escuchas, no me ves, por lo que ya te mencioné. Sin embargo ahora pudiste percibirme y decidiste acompañarme y espero ahora que sabes esto, trates de mantenerte en contacto. Sé que es difícil escapar de todo lo que está rodeándote, que debes trabajar y las herramientas que debes utilizar, que debes socializar; pero debes darte el tiempo para meditar, necesitas un momento de soledad, para escuchar tu interior y no perderte. Debes saber que todas las respuestas están dentro de ti, sólo necesitas aprender a escuchar bien y que yo siempre estaré observándote desde mi nave, cuando me necesites ahí estaré.-
Fue como una visión, un recuerdo de algo que había soñado, recordé sus palabras al despertar. No sabía si había sido un largo y vívido sueño, o había sido real.
Quiero hablarle pero no puedo hablar, no me salen las palabras. Pero pienso, ¿Quién eres? Y extrañamente él me contesta, sin mover sus labios. -Tú sabes quién soy, pero no me recuerdas. Y ahora necesito que vengas para recordártelo.
Él seguía extendiéndome la mano pacientemente, entonces ni siquiera voltee hacia atrás, simplemente la tomé y fue como quedarme dormida otra vez. De pronto abrí los ojos, estaba en mi cama y ya era de día.
-Hace mucho tiempo te llevé conmigo y hablamos de tus planes en la Tierra, pero cuando llegaste lo olvidaste por completo. Te contaminaste con todo aquello que hay a tu al rededor trabajando más de ocho horas diarias, estar tanto tiempo en convivencia con la tecnología, las computadoras, celulares, televisiones; mantienes tu mente ocupada en otras cosas, menos en las que realmente importan.
Cuando fuiste a aquél lugar maravilloso donde pasaste tres días en la naturaleza, en el agua, lejos de los celulares, del trabajo, de todo; superaste tu miedo a las alturas y al agua profunda. La pureza del río te limpió y todo eso en conjunto te dio de nuevo la apertura para poderte contactar otra vez, pudiste entonces verme.
Yo siempre estoy a tu lado, ¡Soy tu guía! pero tú no me escuchas, no me ves, por lo que ya te mencioné. Sin embargo ahora pudiste percibirme y decidiste acompañarme y espero ahora que sabes esto, trates de mantenerte en contacto. Sé que es difícil escapar de todo lo que está rodeándote, que debes trabajar y las herramientas que debes utilizar, que debes socializar; pero debes darte el tiempo para meditar, necesitas un momento de soledad, para escuchar tu interior y no perderte. Debes saber que todas las respuestas están dentro de ti, sólo necesitas aprender a escuchar bien y que yo siempre estaré observándote desde mi nave, cuando me necesites ahí estaré.-
miércoles, 28 de agosto de 2013
La sensación más extraña
Hoy como nunca antes lo había hecho, fui sola al cine. Y no a cualquier cine, sino a la Cineteca. Donde para llegar, tengo que cruzar un largo camino dentro del Parque Fundidora para entonces llegar al Centro de las Artes donde se encuentran la taquilla y las salas.
Estaba cayendo la noche, ya había bajado la intensidad de la lluvia, pero seguía constante. Caminé con un paraguas cuidando no arruinar mi cabello, pero mojando mis pies inevitablemente, buscando evitar charcos y lodo, caminando a paso apresurado pues ya comenzaría la función.
Logré llegar y comprar mi boleto. Al mencionar la función que deseaba la mujer de la taquilla me pregunta - ¿Un boleto? -Sí. Le contesto. No tenía tiempo para pensar. Corrí hacia la sala y entré justo a tiempo. Ya habían apagado las luces, no veía los asientos, prendí la luz de mi celular, había más gente buscando lugar. Nos dimos cuenta que ya estaba llena la sala, me rendí en la búsqueda y me senté en el piso junto a la puerta.
Fue interesante ver una película sola y en el piso. Algo incómodo he de mencionar, pero la película fue muy buena, me mantuvo con los ojos bien abiertos, la mente concentrada en lo que sucedía. Sólo al terminar la proyección lo sentí. Estaba sola. Me puse de pie, salí de la sala y caminé, no sabía qué hacer. Entré al baño pero no tenía nada que hacer ahí, salí. Tenía hambre así que compré algo en la dulcería y me senté en la última mesa de un rincón, dando la espalda a todas las demás mesas, viendo a la nada. Al estar solo es inevitable ponerte a pensar, pues a la mente en silencio no la puedes callar. Pensaba en lo lindo del lugar, es un lugar muy bello, sinceramente les recomiendo visitar. Se respira un aire diferente. Pensaba en lo mucho que deseaba que él estuviera conmigo.
Pensé que debería ver la última función, me quedaba con la esperanza de verlo al final de la noche, con quien podría volver a casa. Pero me di cuenta que eso no sucedería.
Llamé a un amigo, a mi ex, sería importante aclarar. Y él inmediatamente se levantó de su cama y tomó camino hacia donde yo estaba. Yo hice fila media hora antes para alcanzar un buen lugar. En ese tiempo me encontré algunos amigos quienes iban a ver la misma función. Todos se extrañaron de que anduviera sola, y les comenté que me había de verdad agradado la experiencia, que es algo que deberíamos hacer más seguido. Compartir tiempo con nuestra soledad, que falta nos hace, dedicarle tiempo a uno mismo.
Entré a la sala y entonces llegó. La película fue ridícula, graciosa, y en pocas palabras, mala. Pero nos divertimos.
Salimos y ya era casi media noche. El parque estaba solo y oscuro, se respiraba un aire fresco y puro. Era una noche bastante agradable. Platicábamos y de pronto caminando me tomó la mano. No supe como rechazarla y solo lo voltee a ver con cierta cara incómoda y de extrañeza y le pregunto porqué lo hace, como siempre su respuesta es - Porque quiero.- Y pensar que así me conquistó. Le dije que me parecía extraño, que obviamente ya no estaba acostumbrada y que no es lo mismo. Le solté la mano en cuanto pude.
Me besó. Cómo les explico lo verdaderamente incómodo que fue para mí eso. Él es para mí un buen amigo, me agrada pasar tiempo con él, platicar, pero nada más. Yo ya no siento lo que sentía hace un par de años. Ya no es igual. Ahora mi mente, mi corazón, mis labios, mis manos.... Le pertenecen a alguien más. Tal vez aún no merezca esa fidelidad mía, pero no puedo evitarlo. Mis labios rechazan de inmediato a cualquiera que no sean los suyos.
Cuando llegué a casa al despedirme me volvió a besar. Por un momento me vino a la mente aquél tiempo en que nos amábamos, en que lo amaba de verdad, en que sus besos me volvían loca, cuando no podía separarme de él.
Nos separamos porque creíamos que era lo mejor para los dos, no porque no nos amaramos. No terminamos mal, no peleamos. Así que la separación fue dura, pero yo definitivamente me di cuenta que no era lo que yo deseaba después de todo. Claro que sigue tendiendo cosas que me gustan, pero otras en las que no congeniamos y por las que no volvería con él, por las que me di cuenta que siempre lo vi más como un amigo que como una pareja para toda la vida. Nos llevamos mejor así. Y así prefiero que permanezca.
Por alguna razón a pesar de hacerme sentir incómoda en la situación del beso, el resto fue espléndido. Platicamos como hace mucho no lo hacíamos, en persona sobre todo. Y nos faltó tiempo, ya era tarde y debía bajar el carro, pero en verdad me dio mucho gusto platicar con él. Siempre nos entendemos, siempre nos escuchamos y nos damos buenos consejos. Siempre ha sido bueno tenerlo cerca.
No voy a negar que tengo muy buenos recuerdos con él y que al pensar en ellos me alegro y en cierta forma incluso lo extraño, pero lo que extraño son sólo imágenes, recuerdos de algo que ya fue y que no volverá. Para todo hay su tiempo, y el nuestro expiró.
Me escurro bajo las sábanas acojedoras de mi cama. Me manda un mensaje aquél a quien sin deber le soy ciegamente fiel. Apenas se desocupaba, yo ya estaba en cama. Y sin decir buenas noches, me dormí. Me dormí con la sensación más extraña. De la experiencia de ir por primera vez al cine sola. De ver a mi ex y que me besara después de años de no hacerlo. De pensar en ese otro hombre tan conocido y tan extraño, tan cercano y tan lejano. Que tengo tan clavado en el corazón, pero que no se atreve aún a dar el paso.
Todas estas ideas, sentimientos y experiencias están mezclados en mi cabeza como ingredientes de una ensalada, me invade, no sé como manejarla. Lo único que me queda por hacer es poner mi mente en blanco, cerrar los ojos.... Dormir.
Estaba cayendo la noche, ya había bajado la intensidad de la lluvia, pero seguía constante. Caminé con un paraguas cuidando no arruinar mi cabello, pero mojando mis pies inevitablemente, buscando evitar charcos y lodo, caminando a paso apresurado pues ya comenzaría la función.
Logré llegar y comprar mi boleto. Al mencionar la función que deseaba la mujer de la taquilla me pregunta - ¿Un boleto? -Sí. Le contesto. No tenía tiempo para pensar. Corrí hacia la sala y entré justo a tiempo. Ya habían apagado las luces, no veía los asientos, prendí la luz de mi celular, había más gente buscando lugar. Nos dimos cuenta que ya estaba llena la sala, me rendí en la búsqueda y me senté en el piso junto a la puerta.
Fue interesante ver una película sola y en el piso. Algo incómodo he de mencionar, pero la película fue muy buena, me mantuvo con los ojos bien abiertos, la mente concentrada en lo que sucedía. Sólo al terminar la proyección lo sentí. Estaba sola. Me puse de pie, salí de la sala y caminé, no sabía qué hacer. Entré al baño pero no tenía nada que hacer ahí, salí. Tenía hambre así que compré algo en la dulcería y me senté en la última mesa de un rincón, dando la espalda a todas las demás mesas, viendo a la nada. Al estar solo es inevitable ponerte a pensar, pues a la mente en silencio no la puedes callar. Pensaba en lo lindo del lugar, es un lugar muy bello, sinceramente les recomiendo visitar. Se respira un aire diferente. Pensaba en lo mucho que deseaba que él estuviera conmigo.
Pensé que debería ver la última función, me quedaba con la esperanza de verlo al final de la noche, con quien podría volver a casa. Pero me di cuenta que eso no sucedería.
Llamé a un amigo, a mi ex, sería importante aclarar. Y él inmediatamente se levantó de su cama y tomó camino hacia donde yo estaba. Yo hice fila media hora antes para alcanzar un buen lugar. En ese tiempo me encontré algunos amigos quienes iban a ver la misma función. Todos se extrañaron de que anduviera sola, y les comenté que me había de verdad agradado la experiencia, que es algo que deberíamos hacer más seguido. Compartir tiempo con nuestra soledad, que falta nos hace, dedicarle tiempo a uno mismo.
Entré a la sala y entonces llegó. La película fue ridícula, graciosa, y en pocas palabras, mala. Pero nos divertimos.
Salimos y ya era casi media noche. El parque estaba solo y oscuro, se respiraba un aire fresco y puro. Era una noche bastante agradable. Platicábamos y de pronto caminando me tomó la mano. No supe como rechazarla y solo lo voltee a ver con cierta cara incómoda y de extrañeza y le pregunto porqué lo hace, como siempre su respuesta es - Porque quiero.- Y pensar que así me conquistó. Le dije que me parecía extraño, que obviamente ya no estaba acostumbrada y que no es lo mismo. Le solté la mano en cuanto pude.
Me besó. Cómo les explico lo verdaderamente incómodo que fue para mí eso. Él es para mí un buen amigo, me agrada pasar tiempo con él, platicar, pero nada más. Yo ya no siento lo que sentía hace un par de años. Ya no es igual. Ahora mi mente, mi corazón, mis labios, mis manos.... Le pertenecen a alguien más. Tal vez aún no merezca esa fidelidad mía, pero no puedo evitarlo. Mis labios rechazan de inmediato a cualquiera que no sean los suyos.
Cuando llegué a casa al despedirme me volvió a besar. Por un momento me vino a la mente aquél tiempo en que nos amábamos, en que lo amaba de verdad, en que sus besos me volvían loca, cuando no podía separarme de él.
Nos separamos porque creíamos que era lo mejor para los dos, no porque no nos amaramos. No terminamos mal, no peleamos. Así que la separación fue dura, pero yo definitivamente me di cuenta que no era lo que yo deseaba después de todo. Claro que sigue tendiendo cosas que me gustan, pero otras en las que no congeniamos y por las que no volvería con él, por las que me di cuenta que siempre lo vi más como un amigo que como una pareja para toda la vida. Nos llevamos mejor así. Y así prefiero que permanezca.
Por alguna razón a pesar de hacerme sentir incómoda en la situación del beso, el resto fue espléndido. Platicamos como hace mucho no lo hacíamos, en persona sobre todo. Y nos faltó tiempo, ya era tarde y debía bajar el carro, pero en verdad me dio mucho gusto platicar con él. Siempre nos entendemos, siempre nos escuchamos y nos damos buenos consejos. Siempre ha sido bueno tenerlo cerca.
No voy a negar que tengo muy buenos recuerdos con él y que al pensar en ellos me alegro y en cierta forma incluso lo extraño, pero lo que extraño son sólo imágenes, recuerdos de algo que ya fue y que no volverá. Para todo hay su tiempo, y el nuestro expiró.
Me escurro bajo las sábanas acojedoras de mi cama. Me manda un mensaje aquél a quien sin deber le soy ciegamente fiel. Apenas se desocupaba, yo ya estaba en cama. Y sin decir buenas noches, me dormí. Me dormí con la sensación más extraña. De la experiencia de ir por primera vez al cine sola. De ver a mi ex y que me besara después de años de no hacerlo. De pensar en ese otro hombre tan conocido y tan extraño, tan cercano y tan lejano. Que tengo tan clavado en el corazón, pero que no se atreve aún a dar el paso.
Todas estas ideas, sentimientos y experiencias están mezclados en mi cabeza como ingredientes de una ensalada, me invade, no sé como manejarla. Lo único que me queda por hacer es poner mi mente en blanco, cerrar los ojos.... Dormir.
sábado, 11 de mayo de 2013
LA OTRA CARA DE LA HISTORIA
NOTA: La siguiente crónica muestra hechos reales, los nombres han sido cambiados para proteger la privacidad de los involucrados.
Mi nombre es Laura y siendo sobrina de Ignacio, contaré la historia como realmente sucedió, el otro lado de la historia, el que nadie más conoce, la que los periódicos nunca contarán.
Mi nombre es Laura y siendo sobrina de Ignacio, contaré la historia como realmente sucedió, el otro lado de la historia, el que nadie más conoce, la que los periódicos nunca contarán.
Ignacio de 38 años de edad, padre de dos hijos, Imelda de actualmente 18 años e Ignacio Jr. de 10 años, fue ejecutado el sábado 17 de octubre de 2009 en la Av. Fundadores a las 12:40 hrs aproximadamente. De no nueve, como indicaban los periódicos, sino de dos balazos.
Él, sin una carrera y buscando oportunidades para sacar adelante a su familia, se hizo chofer del abogado Antonio Martínez, aproximadamente dos años antes del suceso.
Dos semanas antes había hablado con uno de sus hermanos y su madre, acerca de dejar ese trabajo, pues era demasiado riesgoso y ya sospechaba que seguían a su jefe. Quería tener un mejor empleo, algo que no involucrara arriesgarse. Su familia lo apoyaría.
También era músico. Tocaba el saxofón y formaba parte de una banda familiar llamada: 'Arévalo Banda'. Formada por su padre Miguel, hermano mayor Miguel (Mike), su hermana Carla y él. Tenía su saxofón en reparación preparándose para tocar en las posadas de diciembre y reunir un poco más de dinero para su familia.
Él sólo era el chofer. No tenía suficiente dinero para sustentar bien a su familia, si estuviera más involucrado ganaría más dinero, si fuera un guarda espaldas tal vez cargaría un arma, no tenía una.
Una semana antes de la ejecución, él discutió con su esposa e hija precisamente por falta de dinero y una computadora que había prometido y aún no había podido comprar. Se salió de su casa y se fue con su papá. Ahí se quedó hasta la mañana del sábado que se levantó temprano para recoger a su jefe en el aeropuerto. Su padre fue el último de la familia que lo vio, el único que se pudo despedir de él, sin saber que no volvería a casa.
Todo el sábado estuvieron llamándole a su celular sin respuesta alguna. A la noche no llegó a dormir. A las 23 hrs recibimos una llamada en mi casa buscando a Mike quien es mi padre, preguntando por mi tío, era la secretaria del abogado. Se le hizo bastante extraño y llamó a todos para saber si se había reportado, pero nadie sabía de él. Entonces mi abuelo le dice a mi padre que vea cierta noticia. Al verla y ver el cuerpo vieron que se parecía mucho a él. Su esperanza era que siempre llevaba botas y el hombre de la imagen llevaba zapatos.
A la mañana siguiente salieron inmediatamente a buscarlo. Siguieron haciendo llamadas y buscando. Cuando al fin lograron contactar a alguien que conocía al 'Licenciado' confirmando: "Mataron al abogado". Ahí pudieron saber que el que estaba a su lado era su hermano. Fueron a comprar el periódico "El Metro" donde en la portada aparece la fotografía de los cuerpos destapados y muy de cerca. Donde pudieron apreciar perfectamente el cuerpo confirmando que era Ignacio. Entonces llegaron sus hermanos y su padre con Rosario su madre a darle la noticia que la destroza por completo. Así comienza la agonía de la familia.
Fuimos todos avisados y poco a poco comenzó a llegar gente a casa de la Familia. Mi padre fue el único valiente que fue a identificar y reclamar el cuerpo al anfiteatro junto con su mujer e hija que estaban desmoronadas pues nunca volvieron a verlo ni hablar con él.
El cuerpo nos fue entregado a la madrugada del lunes cuando a las 9 hrs se dio inicio el velorio que terminó a las 19 hrs con una misa de cuerpo presente y la despedida de todos sus familiares y amigos de Nuevo León, Reynosa, San Luis y Zacatecas.
No sólo fue inusual la manera en que se fue y la situación en que dejó a su familia, sino que también su hermana menor, Leny, estaba por dar a luz a su segunda hija María. Fue internada ese domingo y el lunes dio a luz a través de cesárea. El nacimiento de esta niña en la familia es muy significativa y considerada una bendición.
Al mediodía del lunes les fueron entregadas las cenizas y sus hermanos lo llevaron a la Huasteca donde le gustaba mucho ir, a compartir unas "cheves" con su hermano. Ahí llegaron más tarde el resto de la familia donde vimos videos y fotografías donde aparecía mi tío. Escuchando las canciones que él escuchaba, con una carne asada en su honor y sus cenizas presentes, su sombrero, fotografía, una flor y una cerveza.
Todos gritaron hasta que se cansaron y se desahogaron por la pérdida de "el querubín" como era llamado en la familia. Y todos se tomaron fotografías con él.
El alma de la fiesta, la alegría de la casa. Se ha marchado...
Aquí una fotografía de su hijo Ignacio Jr. de 6 años en ese entonces, en la Huasteca acomodando
las cosas en la mesa donde se encontraban las cenizas de su padre.
Un día más....
Suena la alarma, como cada mañana. No me quiero levantar. La ventana está abierta y el viento frío se escapa hacia el interior de la recámara creando un ambiente dulcemente acogedor. Está lloviznando y hay neblina. ¡No quiero! ¡No quiero! Me meto debajo de las aborregadas cobijas que me abrazan como enamorado... Dormiré un poco más. No debo, no puedo, mi inconsciente no me deja. Veo la temperatura en mi celular, estamos a 11ºc. Media hora más, sólo media hora más.
Finalmente decido salir de la cama y caminar a la regadera como zombie arrastrando los pies con los ojos medio cerrados medio abiertos.
Ahora no quiero salir de la regadera. El agua está caliente, ¡No saldré hasta que se acabe! Tengo frío. Dos personas más hacen fila afuera del baño, esperándome. Me tocan, me gritan, me apuran. ¡YA VOY!
Me pongo crema en el cabello, lo agito y despeino. Espero se acomode de alguna manera con mi nuevo corte. Si me veo despeinada está bien, odio el cabello perfectamente acomodado o relamido. Aunque siempre hay días para hacer excepciones.
Me maquillo rápidamente, no tengo que ponerme, agarro lo primero que encuentro. Parezco pitufo vistiendo tanto azul. Qué más da, no me importa. ¡En qué momento se hizo tan tarde!! Tomo unas barras de granola, una manzana y salgo corriendo bajo la ligera lluvia que apenas se siente, pero es constante.
El clima está para un café. Porqué no, tomemos uno.
20 minutos después....
Me tiemblan las manos, siento como la energía pasa por todo mi cuerpo, sobre todo el pecho y los brazos, mi cabeza me trae loca. Imagino que salgo corriendo y descargo toda esta energía que me tiene temblando. No me puedo controlar, no me puedo concentrar. Estoy escribiendo rápidamente, todo hago de manera acelerada.
Al fin la hora de comer. Me siento a ver una película y me relajo. Ahora tengo sueño.
Vuelvo al trabajo y finalmente estoy calmada.
Qué día tan más extraño. Cosas raras pasan dentro de mí y no entiendo qué son. Mi ser está en algún tipo de mutación lo sé, lo siento. Y pienso en él, también. ¡Qué me ha hecho! Ha despertado una parte de mí que estaba dormida. ¿Será a caso el motivo de este extraño sentir? Ha movido mi Universo. Ha venido a cambiarlo todo. A complicarlo todo... Y a despertarme.
Termina el día vuelvo a casa y me acuesto en la cama pegada a la ventana y dejo que el dulce viento de primavera me abrace. Cierro los ojos, él está presente en mi mente. Me duermo, no sé nada más de mí.
Me pongo crema en el cabello, lo agito y despeino. Espero se acomode de alguna manera con mi nuevo corte. Si me veo despeinada está bien, odio el cabello perfectamente acomodado o relamido. Aunque siempre hay días para hacer excepciones.
Me maquillo rápidamente, no tengo que ponerme, agarro lo primero que encuentro. Parezco pitufo vistiendo tanto azul. Qué más da, no me importa. ¡En qué momento se hizo tan tarde!! Tomo unas barras de granola, una manzana y salgo corriendo bajo la ligera lluvia que apenas se siente, pero es constante.
El clima está para un café. Porqué no, tomemos uno.
20 minutos después....
Me tiemblan las manos, siento como la energía pasa por todo mi cuerpo, sobre todo el pecho y los brazos, mi cabeza me trae loca. Imagino que salgo corriendo y descargo toda esta energía que me tiene temblando. No me puedo controlar, no me puedo concentrar. Estoy escribiendo rápidamente, todo hago de manera acelerada.
Al fin la hora de comer. Me siento a ver una película y me relajo. Ahora tengo sueño.
Vuelvo al trabajo y finalmente estoy calmada.
Qué día tan más extraño. Cosas raras pasan dentro de mí y no entiendo qué son. Mi ser está en algún tipo de mutación lo sé, lo siento. Y pienso en él, también. ¡Qué me ha hecho! Ha despertado una parte de mí que estaba dormida. ¿Será a caso el motivo de este extraño sentir? Ha movido mi Universo. Ha venido a cambiarlo todo. A complicarlo todo... Y a despertarme.
Termina el día vuelvo a casa y me acuesto en la cama pegada a la ventana y dejo que el dulce viento de primavera me abrace. Cierro los ojos, él está presente en mi mente. Me duermo, no sé nada más de mí.
jueves, 18 de abril de 2013
La inspiración para escribir...
Por alguna extraña razón siento que he olvidado lo que es escribir.
Recuerdo cuando era niña, para los cinco años ya sabía leer. Antes de cumplir los seis entré a la primaria, y al ser una niña muy retraída, callada y poco sociable, me refugié en la biblioteca.
Amaba esa biblioteca. Aún recuerdo su aroma a libro viejo. Ese aroma tan peculiar que amo tanto, esas hojas que con el tiempo se volvieron viejas y amarillentas, pero que a pesar de los años perduran, siguen ahí esperando ser leídos una y otra vez, yendo de mano en mano, de generación en generación, contando historias. Historias que viven eternamente.
Descubrí un mundo nuevo en la biblioteca. Al principio leía los mismos cuentos una y otra vez porque me los terminaba todos y no me dejaban leer nada más. Fueron pasando los años y fui viendo más allá. En las categorías de poesía, novelas, ciencia ficción. Tenía nueve años, una ortografía horrible, pero ya amaba escribir.
Recuerdo que obtuve mi primer diario en cuarto de primaria. Me lo regaló la familia que me recibió en un intercambio del colegio, en San Luis Potosí. Si supieran lo que acababan de comenzar.
Aún guardo ese diario, me río mucho al leer las cosas tan banales que escribía, pero bueno, entendamos que era una niña de nueve años.
Cuando se terminó ese diario, compré otro, y luego otro y otro. Cuando no hubo más diarios de niñas comencé a tomar cualquier libreta designada especialmente para plasmar mis pensamientos.
Amaba que me dieran libros de lectura en la escuela, algo que siempre difundieron en mi colegio. Creo que era de las pocas, sino es que la única que realmente los leía y se emocionaba al hacerlo, (aún guardo algunos). Llegaba a la escuela contando las historias tan fantásticas que... no leía, ¡sino que veía!! Porque algo maravilloso sucede cuando leo. Las letras se convierten en imágenes e inmediatamente me adentro en un mundo nuevo, diferente, irreal, fantástico. Es increíble como puedes perderte de la realidad y sumergirte en otros mundos. En los libros logro conocer mil lugares, personas, situaciones, puedo vivir mil cosas a través de ellos.
Hacía mis resúmenes y con alegría los entregaba. Era la primera en levantar la mano cuando pedían a alguien que leyera en voz alta. Odiaba escuchar a mis compañeros ya en quinto de primaria y que no pudieran aún leer de manera continua, sin trabarse cada tres palabras, como si fueran todavía de primero. ¡Que los regresen! ¡No saben leer! Moría por gritarles.
Recuerdo cuando cayeron las torres gemelas. Yo en mi ignorancia de niña de once años, (cumpliría doce días después), no sabía que eran. Pero ese día lo descubrí. Era una mañana de huracán, como siempre en Septiembre lloviendo e inundando las calles mal hechas de Monterrey. No pude ir a la escuela por ese mismo motivo, pero ya habíamos despertado de todos modos y además, se había ido la luz. Recuerdo haber salido a la puerta, viendo llover a través de la reja. Siempre me ha gustado mucho la lluvia, el sonido que provoca al rebotar en diferentes superficies, la fuerza que impone. Y si hay truenos ¡Que mejor! Su sonido está tan lleno de energía, me recarga como una batería. ¡Salir a mojarme! Siempre ha sido algo muy agradable y divertido para mí. Aunque mis padres nunca me dejaban, aprovechaba cuando la lluvia me atrapaba saliendo de la escuela para irme caminando.
Y volviendo al día del huracán y la caída de las torres, mis vecinos de enfrente sí tenían luz, entonces salió la vecina a decirnos lo que estaba sucediendo. Fuimos a su casa a ver las noticias. Yo estaba impactada de ver como un avión comercial, lleno de gente, ¡se estrellaba en un edificio enorme con miles de personas en él! Se desmoronaba cayendo rápidamente, aún tengo la imagen de las personas saltando por las ventanas. Me entristecía demasiado. Siempre he sido muy sensible en ese aspecto. No me gusta saber de muertes y del sufrimiento de un ser vivo. Pero en ese momento, sentí la necesidad de escribirlo. Sabía que era algo que marcaría la historia y tenía que dejarlo plasmado en papel, como en los libros, para que viviera eternamente. Y como toda una periodista lo hice. Leer eso, once años después, me hace darme cuenta de lo mucho que fui avanzando en mi manera de redactar y cómo iba despertando esa chispa en mí.
Había entrado a la secundaria. Estaba mejorando mucho mi ortografía. Me encantaba mi clase de español y todos los días leía y escribía. Amaba los dictados, y los exámenes y pruebas de redacción y ortografía. Recuerdo que fue entonces cuando comencé esa libreta de poesía.
Siempre fui una niña muy enamoradiza, desde muy niña. Recuerdo en primero de primaria había un niño que me gustaba mucho, pero jamás me hizo caso. Luego en cuarto de primaria me enamoré de un niño de una generación arriba, anduve con él un rato y me rompió el corazón. En sexto de primaria del niño más rebelde del salón. Quería ayudarlo, pero terminaron por expulsarlo. Al entrar a la secundaria anduve con la mayoría de los niños nuevos y uno que otro que venían desde la primaria conmigo. No sabía decirles que no. Así que a todos les decía que sí, pero era muy penosa y apenas les hablaba en clase. Era más por decir que éramos novios, pues a esa edad uno ni sabe lo que es una relación de noviazgo.
Tenía un vecino que me encantaba, estaba sumamente enamorada de él. Éramos buenos amigos y siempre salíamos a jugar en las tardes, nuestros papás eran grandes amigos. Y un día, cuando tenía doce años, y él trece, recuerdo me presentó a su primo que estaba de visita, era muy guapo y también tenía trece, pero yo sólo tenía ojos para mi vecino. Ese mismo día me pidió que fuéramos novios y ¡Yo moría de la felicidad! Pero apenas duramos unos pocos meses, y entonces su primo aprovechó y comenzó a buscarme. Terminé enamorándome perdidamente de él. Fue mi primer beso a los trece años. Anduvimos seis meses. Lo más que había durado entonces. Y tardé años en superarlo.
Gracias a ese niño comencé a escribir mis primeros poemas, y de ahí ya no volví a parar. Le escribía a todos, escribía de todo. Escribí a la luna, a mi soledad, a mi amor, al tiempo.
Gané un concurso de poesía en la secundaria, gané otro por calaveras en la preparatoria. Escribí también una pequeña historia que metí a un concurso compitiendo con todas las preparatorias y las carreras de la Universidad, no llegué a ganar, ¡Claro! Ganó alguien de la Facultad de Filosofía y Letras. Yo tenía dieciséis años. Aún me faltaba mucho por pulir.
Entonces comenzó mi sueño de ser escritora. A la gente le gustaba lo que escribía, y me encantaba la idea de que un día, pudiera plasmar mis letras, mis pensamientos, mi imaginación, mis historias, en un libro en el que a través de él, yo podría vivir eternamente... ¿Se imaginan siendo inmortales? Como Shakespeare, Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Miguel de Cervantes, Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz, Isabel Allende y tantos más que con su intelecto, preparación, lectura, pero sobre todo esa naturaleza con la que escriben, han llegado hasta nuestros tiempos intactos, frescos, como recién llegados, y siguen vigentes a través de los siglos, dejándonos estas reliquias de la historia, para leer y viajar en el tiempo al pasado; conocer la manera de pensar y de vivir en un mundo que, de no ser por ellos, no hubiéramos conocido.
En la prepa conocí a un nuevo chico. Muy guapo, y muy popular. A mí me caía mal por ese mismo motivo. ¿Qué me vio? No tengo la más mínima idea. Yo vestía horrible, siempre andaba en tenis y jeans. No me maquillaba ni peinaba.
Me taraba de hablar pero lo ignoraba. Un día no pude esconderme más, pues caminando a casa después de la escuela me lo topé jugando con un balón afuera de su casa. Resultaba que éramos vecinos.
Me preguntó mi nombre se lo dije, él me dijo el suyo y me preguntó donde vivía, le dije. Dijo que un día me visitaría. Y así lo hizo. Yo en ese entonces tenía un novio de veinte años, estudiante de medicina y músico, yo tenía apenas quince. A las tres semanas de andar terminé con él.
Al poco tiempo el niño popular y yo nos hicimos novios. Crecimos juntos. Cortamos y volvimos un par de veces, hasta que la tercera fue la vencida y no lo volví a ver. Duramos en total cuatro años y medio.
Fue una relación difícil. Fue mi primer novio formal. A quien le presenté a mis padres y él a mí los suyos. Me acompañaba a todas las reuniones familiares, salíamos, etc. Fue mi primer novio real. Y pensé que me casaría con él después de tantos años de relación. Pero la verdad es que era muy duro conmigo. Era machista, celoso y posesivo. Me amaba mucho, y se desvivía por mí, pero también me trataba muy mal. Tenía problemas de ira, y yo la llevaba. Hasta que decidí que eso no era lo que quería vivir el resto de mis días.
Me costó mucho trabajo superarlo pero me cambié de casa muy lejos a las semanas de terminar, y eso me ayudó, pues no lo volví a ver. Además tenía mis ideas muy firmes de lo que quería y lo que no quería en mi vida, y él era algo que ya no quería. Así lo superé.
Cuando estaba triste o frustrada, cuando cosas malas me pasaban, era cuando más escribía. Así que ya imaginarán lo mucho que lo hacía cuando estaba con él. Y mientras pasaba por el proceso de la separación.
Cuando me gradué de la preparatoria me fui a vivir siete meses a Mississippi, Estados Unidos. Mis papás querían que tomara un año sabático porque apenas tenía 16 años y no me sentían lo suficiente madura para entrar a la Universidad. Claro que quería un año sabático, pero tenía miedo de irme sola a otro país y dejar a mi aún entonces novio. Pero después de algunos meses me convencieron y me fui a vivir con una hermana de mi mamá. El día exacto de mi cumpleaños número diecisiete.
¡Viví tantas cosas tan maravillosas! Conocí gente de diferentes países, culturas y experiencias. Aprendí muchísimo, conocí nuevos lugares, aprendí el idioma. Me hice más independiente y segura. Definitivamente eso me ayudó a madurar.
Escribí cada día que estuve allá. Todo lo que viví quedó plasmado. Recuerdo que ponía: Día 1. Día 2.... hasta que llegó el día de mi triste regreso a casa. Y conté las lunas llenas que estuve allá. Cada una la vi, la disfruté, y la dejé grabada en mi mente, porque a cada una la convertí en una noche especial.
Casualmente mi última noche en Mississippi, fue luna llena.
Regresé a casa para entrar a la carrera. Había decidido estudiar periodismo. Era lo más cercano a las letras que encontré. Me harían leer y escribir mucho así que no había mejor lugar que ese.
Creí tener madera de periodista. Me imaginaba escribiendo en una columna todo lo que veía a mi al rededor y que la gente pasaba por alto, al ir en sus ocupaciones y preocupaciones diarias. Hacerles ver el lado humano de todas las cosas. Despertar esa sensibilidad que muchos estamos perdiendo en este mundo nuevo, donde ya nada nos sorprende.
Leí libros nuevos, conocí nuevos autores. Pero tenía que ver áreas del periodismo que no me gustaban como policiaco, local, política. Aún así trabajé duro en todo, eran retos para mí. Un maestro a mitad de carrera me reprobó simplemente por que creía que no tenía madera de periodista y como no le gustaba mi estilo quería sacarme de ahí. Me hizo sentir un poco mal, una parte de mí se la creyó aunque traté de que no me afectara. Pero justo un semestre después tuve clase con un maestro de mente abierta, más revolucionario y liberal. Había sido alumno del otro maestro y éste último era ya cincuentón, nada más imagínense la edad del otro.
Recuerdo que no podía asistir a sus clases o llegaba tarde a causa del trabajo. Pero me mantenía pendiente de las tareas que pedía y de lo que veían en clase, así lo acordé con él. Y realmente no me conocía personalmente, desde que empezó el semestre no había asistido a clase. Hasta que un día pude asistir y después de un pequeño ejercicio, revisando me dice:
-¿Tú eres Laura Aréchiga verdad?-
-Sí, soy yo-.
-Claro, me di cuenta por tu forma de redactar. Es muy peculiar, y me agrada. Siempre a tus notas le das un toque muy humano y poético. Hay que explotar eso-.
-Pero el maestro fulanito me dijo que no tenía madera de periodista, que no llegaría lejos-.
-Está loco ese pendejo me cae muy mal siempre con sus cosas haciendo menos a los alumnos. No le hagas caso. Sé tú misma, escribe como te nace. Explota ese sentido delicado que tienes-.
Se volvió mi maestro favorito. Con él hice el servicio social en la revista de la Facultad. Hice prácticas en el Audio Visual en un programa de radio piloto. Me apoyaba mucho.
El trabajo y la escuela iban consumiendo cada vez más mi tiempo. Cada vez leía menos libros de mi propio gusto, y ya no practicaba aquél deporte, arte marcial de Corea del Sur que tanto me apasiona como las letras. El TaeKwonDo. Logré en primer semestre de mi carrera presentar mi examen de cinta negra, al fin lo había logrado. Me sentía muy orgullosa conmigo misma. Después de diez años de entrenamiento constante. Pero con el paso de los semestres tenía más responsabilidades, más proyectos, prácticas, servicio y ¡Tenía que trabajar! Yo me pagaba la escuela, sino trabajaba no podría continuar mis estudios. Así que las responsabilidades me fueron consumiendo y fui dejando mis sueños cada vez más atrás.
Me di cuenta que no quería entrar a trabajar a los medios. La paga era muy poca si no tenías experiencia, y si es que te pagaban. Los horarios eran incongruentes, y explotadores. Había que estar ahí antes de que cantara el gallo, ¿Y la hora de salida? Eso nunca se sabe. Entonces pensé ¿Qué vida podría tener trabajando día y noche con una paga que no me alcanza ni para el camión? No señor, no puedo estar así.
Me gradué. Durante la carrera tuve un novio con el que anduve el último año. Era de la misma Facultad pero él estaba en publicidad. A los dos nos gustaban las artes marciales, las películas, caricaturas y la misma música. Ambos siempre comíamos sano y hacíamos ejercicio, siempre nos mantuvimos en forma.
Con él entré a un mundo nuevo y diferente pues ya tenía 21 años y la relación era más abierta. Nos divertimos mucho, nos llevábamos bastante bien. Se llevaba bien con todos mis amigos y yo con los suyos; me querían en su casa, lo aceptaban en la mía. Pero a pesar de que todo parecía ir de maravilla, al final no teníamos los mismos objetivos y metas a futuro. Así que nuestros caminos se separaron.
Me gradué y y me decidí por conseguir un mejor trabajo. Mi trabajo de estudiante ya no sería suficiente.
Entré a trabajar a una Universidad donde estuve un año. Lo malo era que a pesar de que ahora sólo me dedicaba a trabajar, no tenía más tiempo libre. Tenía hora de entrada pero no de salida y muchas veces la hora a la que salía ya no me daba para entrenar, y llegaba tan cansada que iba directo a la cama. Sin embargo, la mayoría del tiempo estuve entrenando aunque no leyendo ni escribiendo. Creo que sólo leí un libro en ese año. Pero al menos algo de lo que me gustaba podía hacer de vez en cuando.
Tuve después de ocho meses de soltería, un novio que llegó de la nada a mi vida y así de rápido como llegó se fue. Yo me siento culpable completamente de todo. Él llegó con buenas intenciones, fue sincero conmigo. Me mostró tanto amor y seguridad que sentía que era una tonta si no lo aceptaba. Así que lo hice sin saber que tanto me gustaba realmente si funcionaría.
La relación de su parte era muy buena, me la pasaba bien con él. Me amaba mucho y se desvivía por mí. Pero yo esperaba más. Él era muy serio, maduro, de alguna manera aseñorado. Y yo apenas viviendo mi juventud. Algo no me tenía a gusto con él, no me sentía completa. Algo me faltaba... A los seis meses de relación terminé con él.
Durante todo este tiempo me empecé a sentir frustrada por el hecho de que ya no escribía, ya no leía tantos libros como antes. Ya no me podía concentrar, ni tenía inspiración, ni sentía que tuviera el tiempo. Me frustraba demasiado.
Entré a un nuevo trabajo. Y aquí comienzo a hablar más en presente. Pues hace apenas unos meses, en enero, comencé aquí. Y me sentí feliz de saber que algo vieron en mí y me dieron la oportunidad de tomar un puesto en el que yo era completamente nueva, sin experiencia ni conocimientos del todo. Pero con las ganas de hacer las cosas bien y de salir adelante. Quiero aprender lo más posible.
Mi frustración se fue haciendo más grande cuando me di cuenta que mi mente se había cerrado. Aquella niña creativa que alguna vez conocí ya no estaba. Aquella que veía todo con tanta simplicidad y que le salían las cosas con tanta naturaleza sin forzarlas, ya había desaparecido. ¿Qué me pasó?
Conocí a alguien, que por alguna razón motivó en mí las ganas de leer de nuevo, de escribir de nuevo, de querer hacer las cosas que siempre quise y que nunca vi posibles ni tomé iniciativa antes. Como cantar. ¡Y claro, porqué no! Llegar lejos. Componer canciones es otra manera de escribir, y de llegarle a la gente, y de hacerme inmortal.
Pues qué les puedo decir. Me enamoré.
Creo que tengo problemas de alguna manera en esto del amor. O eso dice mi madre. Me enamoro muy fácil, me des enamoro muy fácil. No creo que eso sea malo, al contrario, supero rápido las cosas. Y cuando me he enamorado de alguien con quien espero pasar mucho tiempo me termina dejando, cuando alguien me quiere para toda la vida lo dejo. No creo tener un problema, sólo creo que no he encontrado al ideal. Y tal vez mi único problema es que no tengo bien definido lo que deseo.
En fin, me enamoré. Me enamoré de lo que creo es lo que siempre he querido y no me había atrevido a aceptar por el qué dirán. Porque es diferente, porque yo soy diferente y una parte de mí tampoco lo quería demostrar, exteriorizar. Pero dentro está ese verdadero yo, un bebé atrapado, apenas formado, ¡que quiere salir al exterior y conocer!! Crecer. Pero siempre el miedo a la aceptación... ¡No me importa!! ¡Ya no me importa!! Quiero liberarme de los prejuicios, quiero ser la verdadera yo y que me acepten por ello. Y quien no ¡pues que se vaya! No me importa...
Creo que todo tiene su tiempo y momento. Y todo lo que estoy viviendo es por alguna razón en especial. Y aún no estoy lista para una relación, necesito pasar algunas cosas primero. Por eso no me quejo tanto si por ahora no se da con la persona que quiero. Pero si es nuestro destino estar juntos, cuando sea el momento adecuado se dará.
Por ahora creo que es momento de que él se encuentre a sí mismo y arregle asuntos pendientes y otras cosas para estar listo para una relación y exactamente lo mismo tengo que hacer yo.
¿Pero, saben? Ahora escribo como cuando estaba en la secundaria. Como la vez que me enamoré por primera vez. Escribo casi diario. Escribo donde pueda, en lo primero que me tope. Tengo libretas y hojas sueltas escritas por todos lados. Escribo sobre como me siento, sobre mí.
Me siento inspirada una vez más. Me siento de nuevo como esa niña enamoradiza que le escribía a la luna, al amor, a la lluvia, a las estrellas, al viento, a la vida.
Así es como vuelvo a las letras, así es como creo que podré llamarme de nuevo escritora. Espero vuelva a mí la inspiración y logre escribir, lo que siempre he querido.
Recuerdo cuando era niña, para los cinco años ya sabía leer. Antes de cumplir los seis entré a la primaria, y al ser una niña muy retraída, callada y poco sociable, me refugié en la biblioteca.
Amaba esa biblioteca. Aún recuerdo su aroma a libro viejo. Ese aroma tan peculiar que amo tanto, esas hojas que con el tiempo se volvieron viejas y amarillentas, pero que a pesar de los años perduran, siguen ahí esperando ser leídos una y otra vez, yendo de mano en mano, de generación en generación, contando historias. Historias que viven eternamente.
Descubrí un mundo nuevo en la biblioteca. Al principio leía los mismos cuentos una y otra vez porque me los terminaba todos y no me dejaban leer nada más. Fueron pasando los años y fui viendo más allá. En las categorías de poesía, novelas, ciencia ficción. Tenía nueve años, una ortografía horrible, pero ya amaba escribir.
Recuerdo que obtuve mi primer diario en cuarto de primaria. Me lo regaló la familia que me recibió en un intercambio del colegio, en San Luis Potosí. Si supieran lo que acababan de comenzar.
Aún guardo ese diario, me río mucho al leer las cosas tan banales que escribía, pero bueno, entendamos que era una niña de nueve años.
Cuando se terminó ese diario, compré otro, y luego otro y otro. Cuando no hubo más diarios de niñas comencé a tomar cualquier libreta designada especialmente para plasmar mis pensamientos.
Amaba que me dieran libros de lectura en la escuela, algo que siempre difundieron en mi colegio. Creo que era de las pocas, sino es que la única que realmente los leía y se emocionaba al hacerlo, (aún guardo algunos). Llegaba a la escuela contando las historias tan fantásticas que... no leía, ¡sino que veía!! Porque algo maravilloso sucede cuando leo. Las letras se convierten en imágenes e inmediatamente me adentro en un mundo nuevo, diferente, irreal, fantástico. Es increíble como puedes perderte de la realidad y sumergirte en otros mundos. En los libros logro conocer mil lugares, personas, situaciones, puedo vivir mil cosas a través de ellos.
Hacía mis resúmenes y con alegría los entregaba. Era la primera en levantar la mano cuando pedían a alguien que leyera en voz alta. Odiaba escuchar a mis compañeros ya en quinto de primaria y que no pudieran aún leer de manera continua, sin trabarse cada tres palabras, como si fueran todavía de primero. ¡Que los regresen! ¡No saben leer! Moría por gritarles.
Recuerdo cuando cayeron las torres gemelas. Yo en mi ignorancia de niña de once años, (cumpliría doce días después), no sabía que eran. Pero ese día lo descubrí. Era una mañana de huracán, como siempre en Septiembre lloviendo e inundando las calles mal hechas de Monterrey. No pude ir a la escuela por ese mismo motivo, pero ya habíamos despertado de todos modos y además, se había ido la luz. Recuerdo haber salido a la puerta, viendo llover a través de la reja. Siempre me ha gustado mucho la lluvia, el sonido que provoca al rebotar en diferentes superficies, la fuerza que impone. Y si hay truenos ¡Que mejor! Su sonido está tan lleno de energía, me recarga como una batería. ¡Salir a mojarme! Siempre ha sido algo muy agradable y divertido para mí. Aunque mis padres nunca me dejaban, aprovechaba cuando la lluvia me atrapaba saliendo de la escuela para irme caminando.
Y volviendo al día del huracán y la caída de las torres, mis vecinos de enfrente sí tenían luz, entonces salió la vecina a decirnos lo que estaba sucediendo. Fuimos a su casa a ver las noticias. Yo estaba impactada de ver como un avión comercial, lleno de gente, ¡se estrellaba en un edificio enorme con miles de personas en él! Se desmoronaba cayendo rápidamente, aún tengo la imagen de las personas saltando por las ventanas. Me entristecía demasiado. Siempre he sido muy sensible en ese aspecto. No me gusta saber de muertes y del sufrimiento de un ser vivo. Pero en ese momento, sentí la necesidad de escribirlo. Sabía que era algo que marcaría la historia y tenía que dejarlo plasmado en papel, como en los libros, para que viviera eternamente. Y como toda una periodista lo hice. Leer eso, once años después, me hace darme cuenta de lo mucho que fui avanzando en mi manera de redactar y cómo iba despertando esa chispa en mí.
Había entrado a la secundaria. Estaba mejorando mucho mi ortografía. Me encantaba mi clase de español y todos los días leía y escribía. Amaba los dictados, y los exámenes y pruebas de redacción y ortografía. Recuerdo que fue entonces cuando comencé esa libreta de poesía.
Siempre fui una niña muy enamoradiza, desde muy niña. Recuerdo en primero de primaria había un niño que me gustaba mucho, pero jamás me hizo caso. Luego en cuarto de primaria me enamoré de un niño de una generación arriba, anduve con él un rato y me rompió el corazón. En sexto de primaria del niño más rebelde del salón. Quería ayudarlo, pero terminaron por expulsarlo. Al entrar a la secundaria anduve con la mayoría de los niños nuevos y uno que otro que venían desde la primaria conmigo. No sabía decirles que no. Así que a todos les decía que sí, pero era muy penosa y apenas les hablaba en clase. Era más por decir que éramos novios, pues a esa edad uno ni sabe lo que es una relación de noviazgo.
Tenía un vecino que me encantaba, estaba sumamente enamorada de él. Éramos buenos amigos y siempre salíamos a jugar en las tardes, nuestros papás eran grandes amigos. Y un día, cuando tenía doce años, y él trece, recuerdo me presentó a su primo que estaba de visita, era muy guapo y también tenía trece, pero yo sólo tenía ojos para mi vecino. Ese mismo día me pidió que fuéramos novios y ¡Yo moría de la felicidad! Pero apenas duramos unos pocos meses, y entonces su primo aprovechó y comenzó a buscarme. Terminé enamorándome perdidamente de él. Fue mi primer beso a los trece años. Anduvimos seis meses. Lo más que había durado entonces. Y tardé años en superarlo.
Gracias a ese niño comencé a escribir mis primeros poemas, y de ahí ya no volví a parar. Le escribía a todos, escribía de todo. Escribí a la luna, a mi soledad, a mi amor, al tiempo.
Gané un concurso de poesía en la secundaria, gané otro por calaveras en la preparatoria. Escribí también una pequeña historia que metí a un concurso compitiendo con todas las preparatorias y las carreras de la Universidad, no llegué a ganar, ¡Claro! Ganó alguien de la Facultad de Filosofía y Letras. Yo tenía dieciséis años. Aún me faltaba mucho por pulir.
Entonces comenzó mi sueño de ser escritora. A la gente le gustaba lo que escribía, y me encantaba la idea de que un día, pudiera plasmar mis letras, mis pensamientos, mi imaginación, mis historias, en un libro en el que a través de él, yo podría vivir eternamente... ¿Se imaginan siendo inmortales? Como Shakespeare, Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Miguel de Cervantes, Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz, Isabel Allende y tantos más que con su intelecto, preparación, lectura, pero sobre todo esa naturaleza con la que escriben, han llegado hasta nuestros tiempos intactos, frescos, como recién llegados, y siguen vigentes a través de los siglos, dejándonos estas reliquias de la historia, para leer y viajar en el tiempo al pasado; conocer la manera de pensar y de vivir en un mundo que, de no ser por ellos, no hubiéramos conocido.
En la prepa conocí a un nuevo chico. Muy guapo, y muy popular. A mí me caía mal por ese mismo motivo. ¿Qué me vio? No tengo la más mínima idea. Yo vestía horrible, siempre andaba en tenis y jeans. No me maquillaba ni peinaba.
Me taraba de hablar pero lo ignoraba. Un día no pude esconderme más, pues caminando a casa después de la escuela me lo topé jugando con un balón afuera de su casa. Resultaba que éramos vecinos.
Me preguntó mi nombre se lo dije, él me dijo el suyo y me preguntó donde vivía, le dije. Dijo que un día me visitaría. Y así lo hizo. Yo en ese entonces tenía un novio de veinte años, estudiante de medicina y músico, yo tenía apenas quince. A las tres semanas de andar terminé con él.
Al poco tiempo el niño popular y yo nos hicimos novios. Crecimos juntos. Cortamos y volvimos un par de veces, hasta que la tercera fue la vencida y no lo volví a ver. Duramos en total cuatro años y medio.
Fue una relación difícil. Fue mi primer novio formal. A quien le presenté a mis padres y él a mí los suyos. Me acompañaba a todas las reuniones familiares, salíamos, etc. Fue mi primer novio real. Y pensé que me casaría con él después de tantos años de relación. Pero la verdad es que era muy duro conmigo. Era machista, celoso y posesivo. Me amaba mucho, y se desvivía por mí, pero también me trataba muy mal. Tenía problemas de ira, y yo la llevaba. Hasta que decidí que eso no era lo que quería vivir el resto de mis días.
Me costó mucho trabajo superarlo pero me cambié de casa muy lejos a las semanas de terminar, y eso me ayudó, pues no lo volví a ver. Además tenía mis ideas muy firmes de lo que quería y lo que no quería en mi vida, y él era algo que ya no quería. Así lo superé.
Cuando estaba triste o frustrada, cuando cosas malas me pasaban, era cuando más escribía. Así que ya imaginarán lo mucho que lo hacía cuando estaba con él. Y mientras pasaba por el proceso de la separación.
Cuando me gradué de la preparatoria me fui a vivir siete meses a Mississippi, Estados Unidos. Mis papás querían que tomara un año sabático porque apenas tenía 16 años y no me sentían lo suficiente madura para entrar a la Universidad. Claro que quería un año sabático, pero tenía miedo de irme sola a otro país y dejar a mi aún entonces novio. Pero después de algunos meses me convencieron y me fui a vivir con una hermana de mi mamá. El día exacto de mi cumpleaños número diecisiete.
¡Viví tantas cosas tan maravillosas! Conocí gente de diferentes países, culturas y experiencias. Aprendí muchísimo, conocí nuevos lugares, aprendí el idioma. Me hice más independiente y segura. Definitivamente eso me ayudó a madurar.
Escribí cada día que estuve allá. Todo lo que viví quedó plasmado. Recuerdo que ponía: Día 1. Día 2.... hasta que llegó el día de mi triste regreso a casa. Y conté las lunas llenas que estuve allá. Cada una la vi, la disfruté, y la dejé grabada en mi mente, porque a cada una la convertí en una noche especial.
Casualmente mi última noche en Mississippi, fue luna llena.
Regresé a casa para entrar a la carrera. Había decidido estudiar periodismo. Era lo más cercano a las letras que encontré. Me harían leer y escribir mucho así que no había mejor lugar que ese.
Creí tener madera de periodista. Me imaginaba escribiendo en una columna todo lo que veía a mi al rededor y que la gente pasaba por alto, al ir en sus ocupaciones y preocupaciones diarias. Hacerles ver el lado humano de todas las cosas. Despertar esa sensibilidad que muchos estamos perdiendo en este mundo nuevo, donde ya nada nos sorprende.
Leí libros nuevos, conocí nuevos autores. Pero tenía que ver áreas del periodismo que no me gustaban como policiaco, local, política. Aún así trabajé duro en todo, eran retos para mí. Un maestro a mitad de carrera me reprobó simplemente por que creía que no tenía madera de periodista y como no le gustaba mi estilo quería sacarme de ahí. Me hizo sentir un poco mal, una parte de mí se la creyó aunque traté de que no me afectara. Pero justo un semestre después tuve clase con un maestro de mente abierta, más revolucionario y liberal. Había sido alumno del otro maestro y éste último era ya cincuentón, nada más imagínense la edad del otro.
Recuerdo que no podía asistir a sus clases o llegaba tarde a causa del trabajo. Pero me mantenía pendiente de las tareas que pedía y de lo que veían en clase, así lo acordé con él. Y realmente no me conocía personalmente, desde que empezó el semestre no había asistido a clase. Hasta que un día pude asistir y después de un pequeño ejercicio, revisando me dice:
-¿Tú eres Laura Aréchiga verdad?-
-Sí, soy yo-.
-Claro, me di cuenta por tu forma de redactar. Es muy peculiar, y me agrada. Siempre a tus notas le das un toque muy humano y poético. Hay que explotar eso-.
-Pero el maestro fulanito me dijo que no tenía madera de periodista, que no llegaría lejos-.
-Está loco ese pendejo me cae muy mal siempre con sus cosas haciendo menos a los alumnos. No le hagas caso. Sé tú misma, escribe como te nace. Explota ese sentido delicado que tienes-.
Se volvió mi maestro favorito. Con él hice el servicio social en la revista de la Facultad. Hice prácticas en el Audio Visual en un programa de radio piloto. Me apoyaba mucho.
El trabajo y la escuela iban consumiendo cada vez más mi tiempo. Cada vez leía menos libros de mi propio gusto, y ya no practicaba aquél deporte, arte marcial de Corea del Sur que tanto me apasiona como las letras. El TaeKwonDo. Logré en primer semestre de mi carrera presentar mi examen de cinta negra, al fin lo había logrado. Me sentía muy orgullosa conmigo misma. Después de diez años de entrenamiento constante. Pero con el paso de los semestres tenía más responsabilidades, más proyectos, prácticas, servicio y ¡Tenía que trabajar! Yo me pagaba la escuela, sino trabajaba no podría continuar mis estudios. Así que las responsabilidades me fueron consumiendo y fui dejando mis sueños cada vez más atrás.
Me di cuenta que no quería entrar a trabajar a los medios. La paga era muy poca si no tenías experiencia, y si es que te pagaban. Los horarios eran incongruentes, y explotadores. Había que estar ahí antes de que cantara el gallo, ¿Y la hora de salida? Eso nunca se sabe. Entonces pensé ¿Qué vida podría tener trabajando día y noche con una paga que no me alcanza ni para el camión? No señor, no puedo estar así.
Me gradué. Durante la carrera tuve un novio con el que anduve el último año. Era de la misma Facultad pero él estaba en publicidad. A los dos nos gustaban las artes marciales, las películas, caricaturas y la misma música. Ambos siempre comíamos sano y hacíamos ejercicio, siempre nos mantuvimos en forma.
Con él entré a un mundo nuevo y diferente pues ya tenía 21 años y la relación era más abierta. Nos divertimos mucho, nos llevábamos bastante bien. Se llevaba bien con todos mis amigos y yo con los suyos; me querían en su casa, lo aceptaban en la mía. Pero a pesar de que todo parecía ir de maravilla, al final no teníamos los mismos objetivos y metas a futuro. Así que nuestros caminos se separaron.
Me gradué y y me decidí por conseguir un mejor trabajo. Mi trabajo de estudiante ya no sería suficiente.
Entré a trabajar a una Universidad donde estuve un año. Lo malo era que a pesar de que ahora sólo me dedicaba a trabajar, no tenía más tiempo libre. Tenía hora de entrada pero no de salida y muchas veces la hora a la que salía ya no me daba para entrenar, y llegaba tan cansada que iba directo a la cama. Sin embargo, la mayoría del tiempo estuve entrenando aunque no leyendo ni escribiendo. Creo que sólo leí un libro en ese año. Pero al menos algo de lo que me gustaba podía hacer de vez en cuando.
Tuve después de ocho meses de soltería, un novio que llegó de la nada a mi vida y así de rápido como llegó se fue. Yo me siento culpable completamente de todo. Él llegó con buenas intenciones, fue sincero conmigo. Me mostró tanto amor y seguridad que sentía que era una tonta si no lo aceptaba. Así que lo hice sin saber que tanto me gustaba realmente si funcionaría.
La relación de su parte era muy buena, me la pasaba bien con él. Me amaba mucho y se desvivía por mí. Pero yo esperaba más. Él era muy serio, maduro, de alguna manera aseñorado. Y yo apenas viviendo mi juventud. Algo no me tenía a gusto con él, no me sentía completa. Algo me faltaba... A los seis meses de relación terminé con él.
Durante todo este tiempo me empecé a sentir frustrada por el hecho de que ya no escribía, ya no leía tantos libros como antes. Ya no me podía concentrar, ni tenía inspiración, ni sentía que tuviera el tiempo. Me frustraba demasiado.
Entré a un nuevo trabajo. Y aquí comienzo a hablar más en presente. Pues hace apenas unos meses, en enero, comencé aquí. Y me sentí feliz de saber que algo vieron en mí y me dieron la oportunidad de tomar un puesto en el que yo era completamente nueva, sin experiencia ni conocimientos del todo. Pero con las ganas de hacer las cosas bien y de salir adelante. Quiero aprender lo más posible.
Mi frustración se fue haciendo más grande cuando me di cuenta que mi mente se había cerrado. Aquella niña creativa que alguna vez conocí ya no estaba. Aquella que veía todo con tanta simplicidad y que le salían las cosas con tanta naturaleza sin forzarlas, ya había desaparecido. ¿Qué me pasó?
Conocí a alguien, que por alguna razón motivó en mí las ganas de leer de nuevo, de escribir de nuevo, de querer hacer las cosas que siempre quise y que nunca vi posibles ni tomé iniciativa antes. Como cantar. ¡Y claro, porqué no! Llegar lejos. Componer canciones es otra manera de escribir, y de llegarle a la gente, y de hacerme inmortal.
Pues qué les puedo decir. Me enamoré.
Creo que tengo problemas de alguna manera en esto del amor. O eso dice mi madre. Me enamoro muy fácil, me des enamoro muy fácil. No creo que eso sea malo, al contrario, supero rápido las cosas. Y cuando me he enamorado de alguien con quien espero pasar mucho tiempo me termina dejando, cuando alguien me quiere para toda la vida lo dejo. No creo tener un problema, sólo creo que no he encontrado al ideal. Y tal vez mi único problema es que no tengo bien definido lo que deseo.
En fin, me enamoré. Me enamoré de lo que creo es lo que siempre he querido y no me había atrevido a aceptar por el qué dirán. Porque es diferente, porque yo soy diferente y una parte de mí tampoco lo quería demostrar, exteriorizar. Pero dentro está ese verdadero yo, un bebé atrapado, apenas formado, ¡que quiere salir al exterior y conocer!! Crecer. Pero siempre el miedo a la aceptación... ¡No me importa!! ¡Ya no me importa!! Quiero liberarme de los prejuicios, quiero ser la verdadera yo y que me acepten por ello. Y quien no ¡pues que se vaya! No me importa...
Creo que todo tiene su tiempo y momento. Y todo lo que estoy viviendo es por alguna razón en especial. Y aún no estoy lista para una relación, necesito pasar algunas cosas primero. Por eso no me quejo tanto si por ahora no se da con la persona que quiero. Pero si es nuestro destino estar juntos, cuando sea el momento adecuado se dará.
Por ahora creo que es momento de que él se encuentre a sí mismo y arregle asuntos pendientes y otras cosas para estar listo para una relación y exactamente lo mismo tengo que hacer yo.
¿Pero, saben? Ahora escribo como cuando estaba en la secundaria. Como la vez que me enamoré por primera vez. Escribo casi diario. Escribo donde pueda, en lo primero que me tope. Tengo libretas y hojas sueltas escritas por todos lados. Escribo sobre como me siento, sobre mí.
Me siento inspirada una vez más. Me siento de nuevo como esa niña enamoradiza que le escribía a la luna, al amor, a la lluvia, a las estrellas, al viento, a la vida.
Así es como vuelvo a las letras, así es como creo que podré llamarme de nuevo escritora. Espero vuelva a mí la inspiración y logre escribir, lo que siempre he querido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








